El empleo público, la última barricada


Los aires de la recuperación están golpeando las ventanas de Montoro, o al menos eso se deduce cuando habla del «por qué» de la primera reducción de impuestos de la era Rajoy. Lo sorprendente es que todo el optimismo del gobierno se quede ahí, en unas rebajas fiscales muy dirigidas a un segmento de población.

Pero si Rajoy desea trasladar bienestar a los ciudadanos, ha de hacerlo por dos lados, uno, las mejoras fiscales, como la que ha realizado y en la que debe de profundizar, y la otra, mejoras en el poder adquisitivo de los ciudadanos.

Y para esto último solo hay dos vías, más sueldo o mejores servicios públicos, o lo que es mejor, ambas medidas combinadas.

Cada vez que un maestro o un médico se jubilan y nadie lo sustituye, empeoramos la calidad de la educación y la sanidad. Es obvio. Unos vivirán atrapados, no les quedará otra, pero aquellos que sí puedan, abandonarán el sector público. Destinarán una buena parte de un sueldo mermado a sufragar un servicio que antes obtenían de modo gratuito. Y esto es posible que algunos se lo pueden permitir, pero el país no.

Ahora que se ha empezado a despejar el miedo y la incertidumbre, las pocas rentas que les quedan a nuestros ciudadanos hay que dirigirlas al consumo ordinario, a ese que beneficia a la tienda de la señora Josefa, al sector minorista. Ahí está la última barricada de la crisis.

Hay que recomponer el sector público aunque no se crea en él. Hay que ser generoso, aunque solo sea por egoísmo.

RECORTES EN LOS SERVICIOS PÚBLICOS

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