Una longevidad activa, la cara más amable de la despoblación

El vino y el turismo, principales esperanzas de progreso en A Teixeira

Las fuerzas vivas del pueblo en Casa Lelo, Abeleda. De izquierda a derecha, Pepe, Luis, Ernesto, Nabor y Manuel, de 67 para arriba.
Las fuerzas vivas del pueblo en Casa Lelo, Abeleda. De izquierda a derecha, Pepe, Luis, Ernesto, Nabor y Manuel, de 67 para arriba.
la voz

Desde la misma atalaya que le valía para señalar los niños del concello, el alcalde Miguel Cid indica los núcleos en los que el envejecimiento ha dado lugar a despoblación. «En esta aldea de aquí -señala-, el año pasado se fueron seis; unos a casa de los hijos, otros a residencias». En los últimos diez años, el concello ha perdido 140 habitantes.

Lo que dice el alcalde se comprueba hablando con los vecinos. Fermín, un señor alto, ágil y muy amable, tiene a su esposa en una residencia de Viana do Bolo. No quiere fotos, y no hace falta que diga que es por ella, por guardarle la ausencia. «Si estuviera ella, ella sí que os explicaba bien las cosas». Confiesa 92 años y parece de setenta escasos. Y con la misma agilidad se escabulle de la entrevista porque tiene que acabar con «las obligaciones de la casa».

En la otra vertiente de Cristosende, José, también ágil, deja un momento el trabajo para escapar del chaparrón que cae. Nos invita a refugiarnos en la bodega del bajo de su casa y a probar el producto, muy rico. Los hijos viven en la ciudad, así que ya no vende, porque sería mucho trabajo. Se deshizo de algunas viñas y «como vacas xa non hai e este lameiro ben nos chega», está aterrazando una porción de ladera a un lado de la casa, con tierra y piedras de hasta medio metro de largo, a base de carretilla y pala. ¿Edad? 83.

¿Qué les dan para mantenerse así? En el centro social del pueblo, Casa Lelo, en A Abeleda, las fuerzas vivas responden a la pregunta: «É o aire», dice uno. «É o viño», dice otro. El benjamín del grupo, Ernesto, 67 años, filosofa un poco más: «¿Toda a vida loitando para chegar a vellos e agora nos queixamos? O malo é quen morre de 45 anos». En A Teixeira se observa una longevidad activa, producto de una vida de ejercicio físico continuado.

A pesar del buen estado de salud, con el censo en caída y avanzando en edad, ¿se pueden sostener un municipio? «Sí -asegura el alcalde-, sin grandes pretensiones, pero lo fundamental está atendido, en buena parte gracias a los planes provinciales y a los fondos europeos». Cid confía en el futuro. «Las bodegas están progresando bien, el turismo empieza a acudir y esperamos que vaya en alza». Luis, propietario de la Casa Grande, coincide en el diagnóstico: «Las bodegas están tomando mucho impulso, y el turismo tiene muchas cosas que ver». Hay siete bodegas de dimensión apreciable, las que comercializan las marcas Adega Vella, Alodio, Pederneira, Peza do Rei, Século, Solaina y Sollío. Los vinos de mencía y godello son excelentes; el aire es puro; el paisaje, bellísimo. En los próximos años veremos a más gente instalarse aquí. Eso sí, vendrán de la ciudad.

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