«¡Vivimos en un lunes constante!»

Los universitarios terminaron o están a punto de acabar sus exámenes finales. Unas tres semanas después, comienzan las recuperaciones. Bolonia ha revolucionado las aulas, y no siempre para bien


U na titulación cualquiera del sistema universitario gallego. Período de exámenes del primer cuatrimestre, del 8 de enero al 24. Período de exámenes del segundo, del 12 de mayo al 2 de junio. Recuperaciones -lo que antes era la convocatoria de septiembre y ahora se denomina oportunidad de julio-, del 23 de junio al 12 de julio. Día arriba, día abajo, la implantación de la famosa Bolonia ha puesto patas arriba el tradicional calendario académico. La organización horaria del curso universitario trae de cabeza a estudiantes y profesores. Primero, por la limitación del tiempo a la hora de impartir el temario, y segundo, por la ubicación de los exámenes. Si a eso se suma que la adaptación que hicieron algunos títulos de materias anuales a las asignaturas cuatrimestrales se hizo prácticamente sin reducir contenido, los alumnos de las tres universidades gallegas viven estos días una auténtica carrera contra reloj con apuntes, horas de biblioteca y cafés para llevar.

Pablo Otero y Sabela Martínez son novatos en estas lides universitarias. Él tiene 19 años y es de A Coruña, y ella con 18 viene de Pontedeume. Ambos estudian primero de Medicina en la Universidade de Santiago. En el primer cuatrimestre hicieron pleno, aprobaron las seis asignaturas que tenían. En el segundo acaban de hacer el último examen, el pasado viernes. Entre el 14 y el 30 de mayo se examinaron de todas las materias del segundo cuatrimestre, en una carrera en la que las asignaturas no son precisamente marías. Estudian ocho horas al día como mínimo. ¿Y el fin de semana? Durante esta época no saben lo que es eso, «no sabemos en que día vivimos, ¡es un lunes constante!», afirma Pablo.

En su caso se reparten entre estudiar en casa y en la biblioteca. Por ejemplo, si están cansados o quieren quedarse hasta tarde, optan por la biblioteca, en este caso la Concepción Arenal, ubicada en el campus vida de Santiago. Cuando están en sus respectivas ciudades, son más partidarios de estudiar en casa. Una de las críticas al nuevo sistema es la duración de los cuatrimestres. El segundo ha sido tan corto que obligó a los profesores a apresurarse, porque la materia entra igual. En realidad, un cuatrimestre se reduce como mucho a un trimestre de docencia. Acaban a finales de enero los exámenes y finalizan las clases a principios de mayo, por lo que teniendo en cuenta que durante ese período están los carnavales y Semana Santa, al final son menos de tres meses en las aulas.

El 19 de junio comenzarán los exámenes de recuperación en Medicina. Aunque a Pablo y a Sabela de momento esto no les afecta, lo cierto es que se extrañan de que las primeras pruebas sean las del primer cuatrimestre, es decir, las ya olvidadas. Los que suspendan tienen tres semanas para refrescar todo lo que dieron el cuatrimestre anterior. «Sería mejor recuperar antes aquellas que tienes más recientes, y dejar para el final las primeras. Si tienes varias suspensas del primer cuatrimestre, es imposible sacarlas todas», afirman los dos. Otra de las críticas que ven estos estudiantes es cómo se han adaptado los programas al nuevo modelo de asignaturas. Por ejemplo, una materia que antes se repartía en 35 sesiones, ahora se hace en 15, «pero prácticamente es la misma materia», puntualizan. De hecho algunas anuales que se han convertido en cuatrimestrales conservan un contenido casi intacto.

Estos estudiantes deben jugárselo todo además en exámenes tipo test. Es así en todas las asignaturas para dominar la dinámica de las pruebas MIR, a las que tendrán que enfrentarse para hacer la especialidad tras finalizar la carrera. Aunque les permite tener práctica, no creen que sea el mejor modo de medir el conocimiento del alumnado. «No refleja exactamente lo que sabes y lo que no», concluyen. Por ahora, han comenzado con éxito primero. En el futuro aún hay dudas, Sabela comenzó pensando en pediatría, y ha descubierto que le encanta la anatomía y la cirugía.

«No hay calendario bueno»

Luis Lima es el secretario de la Facultad de Medicina, y vicerrector electo con el nuevo equipo de Juan Viaño. Admite que no hay calendario bueno, porque todos tienen ventajas y desventajas, aunque dentro del margen que da la Secretaría Xeral de la USC, que no es mucho, los exámenes de la facultad se consensúan con los representantes de los estudiantes. Ve lógico que los alumnos defiendan que los primeros exámenes de recuperación sean los últimos, ya que la materia está más fresca. Pero también refrenda el argumento contrario. «La recomendación de la Secretaría Xeral es que vaya primero la recuperación de los exámenes de enero, porque sabes desde febrero que materias tendrás que recuperar, por lo que hay tiempo. Siempre hay ventajas e inconvenientes». Diana estudia Publicidade en Pontevedra y ha tenido cinco exámenes en menos de dos semanas. Coincide con otros universitarios en una crítica a la organización del calendario. Hacer las recuperaciones entre junio y julio permite que todos los estudiantes, hayan aprobado todo o no, puedan descansar en verano, ya que no hay exámenes de septiembre. Eso sí, como alguien llegue con muchas materias suspensas a la recuperación, lo tiene difícil por el poco tiempo que hay para la preparación. Es prácticamente el mismo argumento que da Manuel Freire Garabal, profesor de Medicina, «ahora es muy difícil que en la convocatoria de julio se consiga sacar un mal curso». Apunta otra disfunción del calendario de exámenes, que las pruebas del primer cuatrimestre empiecen a la vuelta de las fiestas navideñas, sin tan siquiera una semana de transición. Añade Manuel que hoy en día los universitarios se enfrentan a una carga de contenidos mayor que hace unos decenios, «tienen muchas más asignaturas y contenidos más precisos, han crecido muchísimo, porque la medicina también ha evolucionado mucho».

Esta semana y la que viene dirán adiós a las pruebas del segundo cuatrimestre, pero poco les falta a los universitarios gallegos para iniciar las recuperaciones. Durante estos días, de casa a la biblioteca, a la facultad o simplemente sin salir de casa. Diana admite que se pasa ocho horas al día estudiando en la temporada álgida de los exámenes. Más aún, a las cuatro horas por la mañana y las cuatro por la tarde, hay que sumar las noches anteriores al día de la prueba. Tampoco se queja. Pone una pega, la proximidad de la fecha en la que finalizan las clases y comienzan los exámenes, lo que deja poco tiempo para prepararlos.

Y el despropósito de selectividad

Al despropósito de los exámenes de enero y al despropósito de los finales se une otro, difícil de explicar, las fechas de la selectividad de septiembre y el inicio del curso universitario. Aunque la selectividad es una prueba de acceso a la universidad, cuando los estudiantes de bachillerato que se presentan en septiembre obtienen sus calificaciones, se encuentran con que el curso comenzó hace un mes y medio. Todo esto se debe a que con la implantación de Bolonia, poco a poco el curso ha ido adelantándose en las universidades gallegas, hasta el punto de que en ocasiones los universitarios comienzan las clases antes que los escolares de primaria y secundaria. Pero la selectividad no se ha movido un ápice. Este año, los universitarios empiezan las clases la primera semana de septiembre -la Universidade de A Coruña, por ejemplo, el día 2, y la de Santiago el 5-; pero la selectividad se retrasa al 17, 18 y 19 del mismo mes. Los alumnos que quieran matricularse en alguna titulación aún deben esperar a conocer las calificaciones, y si inician un proceso de reclamación se demoran los plazos. Conclusión, llegan a las facultades con más de un mes de retraso.

Es una situación que los decanos conocen y que ya han planteado a las autoridades educativas, pero a la que no parece que vaya a buscársele solución, bajo el argumento de que la selectividad va a desaparecer. Además, la Consellería de Educación aseguró en su momento que el hecho de adelantar un mes el inicio de las clases no es una obligación del nuevo espacio europeo, sino una decisión de las universidades. Brais Pedreira, portavoz de Comités, reivindica incluso que estos alumnos no paguen la matrícula completa, ya que tampoco reciben la docencia durante todo el curso. El representante del colectivo estudiantil, muy crítico con Bolonia, asegura que la organización es nefasta, concentrando exámenes en dos semanas que obligan incluso a programarlos en sábados, como ocurre según Pedreira en alguna facultad de Dereito o en Enxeñaría de Camiños, en la Universidade de A Coruña.

Exámenes a la vuelta de Navidades, períodos insuficientes para dar todo el contenido de las materias, concentración de pruebas en dos semanas o recuperaciones a la vuelta de la esquina. Bolonia llegó con sus cambios y revolucionó las universidades. Los jóvenes se adaptan, pero no niegan las disfunciones y que durante estas semanas prácticamente no saben en qué día viven. Al menos, aprueben o suspendan, tendrán agosto para reponer fuerzas y volver en septiembre.

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