Un año bajo una enorme presión


Adrián Varela Sarandeses (Santiago, 1984) acabó cediendo. Aguantó justo un año de enorme presión desde que Pilar de Lara le remitió el auto de imputación por su implicación en el caso Pokémon, presión que llegó al extremo cuando siete de sus compañeros en el gobierno municipal fueron imputados tras aprobar su solicitud para que el Concello pagara al abogado que se iba a encargar de su defensa.

Fue el principio del fin de su corta carrera política, iniciada en la cantera popular de Nuevas Generaciones junto a otros ediles jóvenes del Concello de Santiago, que hicieron piña en torno a la exconcejala y hoy diputada y portavoz del PPdeG, Paula Prado, cuya supervivencia política también está ahora comprometida por la misma investigación contra la corrupción.

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física, Adrián Varela asumió el área municipal de Deportes, por delegación del entonces alcalde Conde Roa, para potenciar el deporte de base y el fomento de la actividad deportiva entre los ciudadanos, así como para mejorar las infraestructuras en barrios de Santiago, objetivos en los que consiguió avances aunque no verá cumplidos dos de sus proyectos estrella, como la ampliación de los campos deportivos de San Lázaro o el multiusos de Santa Marta.

Al valorar su actuación en algunos de los episodios más comprometidos para el gobierno de Ángel Currás y para él mismo, al «mediático» Adrián Varela se le achacaba inexperiencia. No ocultaba su disgusto por el trato que recibían los ediles más próximos a Prado, y su relación con Currás era de mínimos, por no decir inexistente, al igual que con la mano derecha del alcalde, Reyes Leis.

Las escuchas telefónicas del caso Pokémon revelaron indicios de enchufismo (habría pedido a Vendex trabajo para su padre), entre otras irregularidades. Consciente de haber perdido la legitimidad que los ciudadanos le otorgaron, Varela no aguantó más y ayer cedió a la presión.

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