Mariquiña, la niña de Valle-Inclán que prefirió A Pobra a París

En el cementerio pobrense había una tumba anónima y ahora tiene una lápida. Es la de una de las hijas del escritor, que murió en Francia pero quiso ser enterrada en Galicia


Ribeira / La Voz

Aunque la polémica ha quedado aparcada, durante años, Vilanova de Arousa y A Pobra do Caramiñal rivalizaron por ser la cuna de Ramón María del Valle-Inclán. Ambos municipios presumían de haber visto nacer al creador del esperpento, pero al final concluyeron que, cuna o no, ambas localidades habían tenido un peso importante en la trayectoria del dramaturgo. En lo que respecta al ayuntamiento pobrense, allí nacieron cuatro de sus seis hijos, y una de ellas, María de la Encarnación Beatriz Baltasara del Valle-Inclán, decidió quedarse para siempre. Aunque, hasta esta semana, casi nadie lo sabía.

Dona Mariquiña, ese era su apodo familiar, falleció en París en el 2003, pero siempre quiso que su último viaje fuese al lugar en el que nació, donde estaban sus orígenes. Así que su hijo, Jorge Devoto del Valle-Inclán, comenzó a mover los hilos para llevar los restos de su madre a A Pobra. En el 2007 logró enterrar a Mariquiña junto a su marido, Daniel Jesús Devoto, en el cementerio parroquial de Santo Isidoro de Posmarcos cerrando así el círculo de su vida. Pero, entremedias, la existencia de la cuarta hija del escritor no estuvo exenta de vicisitudes que la llevaron a cruzar el charco y a regresar a Europa años más tarde para asentarse definitivamente en Francia.

Su biografía todavía se está reconstruyendo a través de testimonios de familiares, pero hay certezas que hablan de una mujer muy vinculada al mundo de la cultura, tanto por quien era su padre como por su marido, uno de los grandes escritores de la Generación del 40 argentina. Entre las amistades que cultivó figuran, en distintas épocas, nombres como los de Isabel García Lorca, hermana menor de poeta granadino; Laura de los Ríos, hija de Fernando de los Ríos, ministro de la república; Clara Campoamor; Rosa Chacel o Zenobia Camprubí, mujer de Juan Ramón Jiménez.

Mariquiña siempre estuvo muy unida a Valle-Inclán, a quien «quería profundamente», y con él se fue a Roma cuando le nombraron director de la Academia Española de Bellas Artes. Tras la muerte del dramaturgo se fue a Barcelona junto a su madre, Josefina Blanco Tejerina, desde donde se trasladó a Navarra para pasar a Francia huyendo de la Guerra Civil. De nuevo tuvo que escapar, esta vez rumbo a América, desde el puerto de La Rochelle, cuando estalló el conflicto mundial. Tras pasar por Chile, llegó a Argentina, donde, al parecer, estuvo muy arropada por los exiliados por ser hija de Valle-Inclán.

Allí conoció a su marido, y a mediados de los cincuenta pusieron rumbo a Francia porque el intelectual Devoto comenzaba a ser «molesto» por sus simpatías hacia el bando aliado en una Argentina condescendiente con el nazismo. En 1958 se establecieron definitivamente en París, donde ambos murieron a principios de la década pasada.

Entre tanto, realizó distintos viajes a Galicia y al municipio pobrense. El primero, y el que está mejor documentado, es el que realizó hace casi sesenta años. En septiembre de 1954, visitó a sus viejas amistades en A Pobra, entre ellas Victoriano García Martí, por quien sentía una «gran admiración»

Volvería de nuevo a Galicia en los años 70, hasta que en el 2007 realizó su último viaje. Dona Mariquiña recordaba con mucho cariño su infancia y siempre reiteró su deseo de regresar a A Pobra para enterrarse en el mismo lugar en el que nació. Hace siete años recibió sepultura en el camposanto pobrense de Santo Isidoro junto a su marido en la más estricta intimidad. Hasta que ahora, al colocarse sobre su tumba una lápida, han perdido su anonimato.

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