La conjura de los jueces, la ley de la calle


Piensa y dice el presidente de la Xunta que la Justicia se equivoca colocando a siete ediles de Santiago a los pies de los caballos por algo que haría cualquier ser humano, intentar aprobar una partida de dinero de todos los santiagueses, la que fuese necesaria, para pagar la defensa de un compañero imputado nada menos que en la Pokémon. Habrá, pues, foto de los concejales sentados en el banquillo, porque ni se van ni nadie los echa, empezando por el alcalde de la ciudad, poliimputado en otras causas, y acabando por el presidente de los populares gallegos, residente al mismo tiempo en Monte Pío. Porque, recordó Feijoo, el alcalde del Concello de Baltar (santo súbito del PP) ha sido absuelto de todos los cargos que había contra él y, además, estos señores y señoras no han robado, que se sepa. El presidente de la Xunta dice que actúa en conciencia. Ay, la conciencia. La misma conciencia a la que apelarán en Renfe y en el ADIF para no irse. Alguien pensará que esa conciencia le aconsejó a Feijoo recortar las nóminas de los funcionarios. Quién sabe. Lo mejor, pues, es que no dimita nadie, nunca. Sería una estupidez hacer lo que hacen los políticos de Europa (de la otra Europa) cuando se hace público que, de niños, copiaron un examen de plástica del compañero de pupitre. ¿Por qué ha de dimitir un político que ha perdido la credibilidad? Mejor, ¿qué tontería es esa de la credibilidad, del honor? Será algo de trasnochados samuráis, ¿no? ¿Qué cosa mejor puede hacer un político en tela de juicio que resistir, y disfrutar de los oropeles de la política, ser por los siglos de los siglos un primus inter pares? Para cortar hierba en la finca ya habrá tiempo después de la jubilación. Mientras tanto, déjenles prevaricar, siempre presuntamente, en paz. ¿Para qué echarlos si, al fin y al cabo, ya lo dijo el viernes el alcalde Currás, tienen el apoyo y la bendición de los vecinos? Sí, cuánto daño está haciendo al país esta conjura de jueces. Menos mal que en la calle no dan credibilidad a sus injustas resoluciones.

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