El caso Bergantiños, una estafa que no interesaba ventilar

Las fundaciones de los artistas supuestamente falsificados sospechaban de las obras desde el 2007, pero callaban por miedo a demandas

la voz

El descubrimiento de la trama de comercialización de obras de arte falsas en la que supuestamente está implicado el marchante de Parga Carlos Bergantiños ha destapado otra realidad igual de escandalosa. Un reportaje de Patricia Cohen publicado por The New York Times revela que algunas de las fundaciones de los autores del expresionismo abstracto norteamericano que supuestamente fueron copiados por el artista chino Pei Shen Qian, presuntamente contratado por Bergantiños y por su expareja, Glafira Rosales, sospechaban ya desde el 2007 de las obras que esta última llevaba a la galería Knoedler. Pero aconsejadas por diferentes abogados ninguna osó remover el asunto por miedo a las demandas, tal y como publica el reportaje.

Cuando salta el escándalo

Hubo que esperar aún unos años a que las autoridades norteamericanas abrieran una investigación contra Glafira Rosales por un supuesto delito de evasión de capitales y a que el coleccionista Pierre Lagrange denunciara a la galería Knoedler por haberle colocado un Pollock que resultó ser falso para que saliera a la luz la presunta estafa.

Una de las primeras en sospechar, cuenta el reportaje, fue la Fundación Dedalus, la que lleva las obras del artista Robert Motherwell. Lo que les sorprendía a los expertos es que, de repente, hubieran descubierto tantas pinturas del artista.

Lo extraño era que estas acababan en Knoedler, que las compraba presuntamente a la expareja del marchante gallego. De hecho, fuentes cercanas a Bergantiños comentaron en su día que este no se identificaba en las acusaciones que su expareja había lanzado contra él durante su declaración ante el FBI y que nunca había ido a la histórica galería del Uper East Side.

Otros de los que también comenzaron a hacerse preguntas fueron los encargados de la obra de Diebenkorn o varios de los expertos que trabajan en las fundaciones que manejan la pintura de William de Kooning o Newman.

De hecho, varios estudiosos de este último pintor coincidieron en que una obra del autor que la galería Knoedler había enviado a la Fundación Beyeler, en Suiza, era falso. El reportaje alude incluso a un correo enviado por uno de ellos a la fundación suiza en el que recomienda que no se haga público el caso. Al parecer, como dice el trabajo publicado por The New York Times, callar es algo habitual.

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