La última carrera de José Manuel, el policía nacional de As Nogais

La practica del ciclismo dio año y medio más de vida al policía nacional que permanecía en coma tras ayudar a reducir a un detenido


Lugo / La Voz

Ni la vitalidad, ni la alegría, ni la fortaleza física del policía nacional lucense José Manuel Pardo Souto lograron que venciese a la muerte. Este agente de 40 años -cumpliría 41 el próximo miércoles- llevaba convaleciente desde octubre del 2012, cuando, estando de servicio en la comisaría de Lugo, sufrió un traumatismo craneal al ayudar a reducir a un detenido. La fatalidad quiso que en el transcurso del forcejeo cayese y se golpease la cabeza.

Su vida y la de su familia cambiaron para siempre. Desde entonces, y hasta el miércoles -cuando falleció de manera repentina-, su día a día fue una lucha constante y un continuo ejemplo de superación y coraje. De hecho, según contaban ayer algunos familiares de José Manuel Pardo, no habría resistido este año y medio de no haber sido por su fortaleza: «Nun primeiro momento, os médicos non ían operalo pola gravidade das lesións e a dificultade da intervención, pero víronlle nas pernas as marcas de facer ciclismo e os xemelgos tan desenvolvidos que decidiron intentalo», contaba su primo Alfonso Souto.

Y, contra todo pronóstico, se salvó. Aunque a pesar de la fortaleza que demostró José Manuel Pardo y su familia en todo este largo proceso de año y medio, las previsiones médicas fueron de todo, menos esperanzadores: la lesión, un hematoma epidural gigante, era irreversible, las secuelas muy graves y sufría, entre otras cosas, infecciones respiratorias con mucha frecuencia.

No logró recuperar el habla

Hasta la capilla ardiente de este policía, situada en el centro social de As Nogais -municipio de donde era natural-, se acercaron ayer numerosos familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo del fallecido. Uno de sus hermanos, Francisco Pardo, recordaba también las semanas posteriores al desgraciado suceso: «Botou uns tres meses e medio en coma inducido; despois fóronlle quitando a sedación e foi espertando (...) Tiña todos os sentidos, era consciente de todo, pero a fala non a recuperou», comentaba.

Su familia lo trasladó después a la clínica de neurorrehabilitación Institut Guttmann, de Badalona, donde pasó unos seis meses de intenso y duro trabajo -tanto él y como sus allegados- para recuperarse. Allí incluso le enseñaron a comunicarse con los párpados.

A su regreso a Lugo, donde vivía con su mujer y sus dos hijos -uno de 8 años y otro que cumplirá un año el mes que viene-, la lucha por sobrevivir continuó. Reformaron la vivienda para adaptarla a sus necesidades -incluso ahora tenían previsto instalar un ascensor- y acudía diariamente a rehabilitación al centro de Castro de Ribeiras de Lea.

Muchos apoyos

Pero en todo este tiempo no estuvo solo. Su familia no tiene más que palabras de agradecimiento para sus compañeros de la comisaría de Lugo, que se desvivieron por ayudarles, al igual que los vecinos de As Nogais, cargos del cuerpo y políticos. Incluso el SUP (Sindicato Unificado de Policía) realizó una colecta para ayudar a costear su estancia en Badalona. También agradecen el apoyo constante del Club Ciclista Muralla de Lugo, cuyos miembros incluso se turnaron para ir a Badalona a quedarse con José Manuel Pardo.

Y es que, la gran pasión del policía fallecido era el ciclismo. Estaba federado, fue uno de los fundadores del citado club, realizaba unos 15.000 kilómetros anuales y participaba en numerosas pruebas, como cicloturismo. De ahí su buena forma física.

Entró en la Policía en 1996

Esta pasión la combinaba con su dedicación a la familia -visitaba As Nogais los fines de semana- y su trabajo como policía. Ingresó en el Cuerpo Nacional de Policía en 1996. Su primer destino fue Madrid, donde trabajó como escolta de un juez del Consejo General del Poder Judicial. Después estuvo destinado durante seis años en la comisaría coruñesa de Santa Uxía de Ribeira.

Durante los últimos seis años se encontraba en Lugo, donde quería jubilarse, según explicaron sus familiares. Primero trabajaba en el departamento de seguridad ciudadana y últimamente en el de servicio interior, en calabozos y atendiendo a los detenidos.

«Trataba a todo el mundo igual»

Algunos de sus compañeros de la comisaría de Lugo que se acercaron ayer hasta la capilla ardiente destacaban de José Manuel Pardo, sobre todo, su alegría y su compañerismo: «Nunca lo vi enfadado y tenía mucha paciencia», explicaba un agente. Relatan también que contaba con un don especial para su trabajo. Como encargado de los calabozos «tenía mucho don de palabra y mucha mano izquierda y, lo más importante, trataba a todo el mundo igual y con respeto».

Al hilo del trágico suceso del que fue víctima este lucense, sus compañeros recordaban el peligro al que se enfrentan diariamente, algo que «va unido a este puesto de trabajo, estás muy expuesto». Señalan también que es habitual que los detenidos ofrezcan resistencia y que las situaciones de riesgo son continuas.

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