Amor a golpe de pósits

La pareja del portavoz del PSOE en el municipio de A Lama empapela el coche del edil con motivo de su tercer aniversario

Enrique Vaqueiro se encontró dos mil mensajes de amor de su pareja cuando fue a coger el coche.
Enrique Vaqueiro se encontró dos mil mensajes de amor de su pareja cuando fue a coger el coche.

A Lama / La Voz

Escribir a mano dos mil adhesivos le llevó un mes a Tamara Pacheco, pareja del portavoz del PSOE del municipio pontevedrés de A Lama, Enrique Vaqueiro. Pero si algo caracteriza a esta joven es la perseverancia y no cesó en su empeño, por difícil que pareciese, después de decidir con sus amigas de piso la mejor manera de sorprender a Vaqueiro y manifestarle su amor en su tercer aniversario.

Y vaya si lo consiguió. Lo dejó en su trabajo, como asistente del grupo municipal del PSOE de Pontevedra, y ella aparcó el vehículo y, sin importante la lluvia ni las miradas indiscretas, se pasó toda la mañana de ayer pegando los pósits hasta empapelar todo el coche. El mensaje era el mismo en cada uno de los dos mil pedacitos de papel adhesivo: «Te quiero».

«Todo esto surgió a raíz de mis compañeras de piso, que son mis amigas, y yo les comenté que quería hacerle algo especial a Enrique y ahí me fueron dando ideas», comenta la protagonista de esta historia de amor. «Al final entre todas surgió el tema de los pósits y durante un mes he estado escribiendo uno a uno dos mil, en mis ratos libres, claro, porque estudio, trabajo y voy también a los compromisos que Enrique tenga», matiza.

Ahora bien, si ya es difícil escribir dos mil adhesivos, guardar el secreto durante un mes y que no se note nada tampoco es fácil. Y de hecho a punto estuvo de ser descubierta. «Él me encontró un paquete de pósits porque un día, de cotilla, se puso a mirar en una bolsa que tenía y lo encontró, pero no se imaginaba que iba a suceder algo así», explica Pacheco.

¿Cómo desviar la atención? La joven lo logró con una historia creíble. «Le dije que iba a pegar los pósits por la habitación, pero que por haber ido a buscar lo que no debía se quedaba sin sorpresa, y se lo creyó, no se esperaba nada», matiza Pacheco.

Y entonces llegó el día de autos, salieron de A Lama, llegaron a Pontevedra y ella lo dejó irse a trabajar mientras ella no perdía el tiempo en llenar toda la carrocería del coche con los papeles adhesivos. No pasó inadvertida, porque en el párking de Campolongo, en pleno centro de Pontevedra, la gente se asomaba a las ventanas para ver qué pasaba al final de la mañana.

Vaqueiro acabó su jornada laboral y Tamara lo acompañó hasta el párking -ella lo tenía todo pensado porque llevaba las llaves-. «Le acompañé y cuando vio el coche, bueno, [risas], se quería morir, no de la vergüenza, sino del momento». Para ambos fue emocionante. «La gente de los edificios estaba esperando, porque me vieron toda la mañana pegando cada papelito, y luego querían ver el desenlace, cuando llegamos los dos me dio un abrazo, y todo el mundo desde las ventanas aplaudiendo y diciendo "viva el amor"». Hasta la lluvia esperó a la sorpresa, y cuando finalmente lloviznó ya había acabo todo.

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