El nuevo «sorpasso» de Beiras al PSdeG queda aparcado

Anova contagia su crisis a AGE y frena su avance electoral


santiago / la voz

Hay una etiqueta que acompañó a Xosé Manuel Beiras en su regreso a la primera línea política para vivir el «epílogo», como él lo definió, al frente de la coalición creada junto a Esquerda Unida. Es la etiqueta del sorpasso, un término italiano que significa adelantamiento, no en vano Beiras debutó con las nuevas siglas, Alternativa Galega de Esquerda (AGE), pasándole por delante al BNG que lideró durante dos décadas, del mismo modo que con el BNG rebasó en 1997 a aquel PSdeG de infausto recuerdo que tenía a Abel Caballero de candidato. La exitosa irrupción de AGE en escena, que en las autonómicas se situó como segunda fuerza en ciudades como A Coruña y Santiago, solo por detrás del PP, llevó a muchos en la coalición a pensar en un nuevo adelantamiento a un PSdeG de rumbo incierto, perspectiva que se ha enfriado con el paso de los meses.

Hace solo un año, la coalición de Beiras exhibía músculo en las encuestas, avanzando más de cinco puntos en intención de voto, hasta 19,2 %, y se permitía hablarle de tú a tú al PSOE, sobre todo en la provincia de A Coruña, donde se materializaba con claridad el sorpasso a los socialistas.

En cambio, la encuesta de las europeas de Sondaxe refleja que se ha invertido la tendencia. Las expectativas de AGE, que echó a andar con la chispa que tiene una bebida a presión, descienden también con la rapidez que lo hace la espuma de la cerveza recién servida. Sobre la coalición alentada por Beiras no solo planea el riesgo de perder los dos dígitos en intención de voto, sino que el PSdeG parece descolgarse definitivamente, al triplicar en votos a los de Alternativa. Aquel «tsunami imparable» del que hablaba en octubre del 2012 la coordinadora general de Esquerda Unida, Yolanda Díaz, se ha detenido ahora.

Son varios los factores que han abonado el terreno para este cambio de tendencia. Probablemente concurra alguna razón exógena, como la corrección del rumbo del PSdeG, con el relevo de Pachi Vázquez por Besteiro en la secretaría general, pero la principal explicación hay que darla en clave interna.

Votos de prestado

De un lado está el propio recorrido hecho por Xosé Manuel Beiras, que en las autonómicas del 2012 le sacó el máximo partido a esa imagen de profeta laico y líder romántico, atrayendo hacia su lado a buena parte del electorado desafecto con el PSOE y el BNG. Pero ese capital se fue disipando una vez que los electores que AGE tenía de prestado, sobre todo los procedentes de posiciones más templadas, vieron cómo el veterano catedrático se mostraba condescendiente con las actividades de Resistencia Galega, discurso que en Galicia espanta a muchos más votantes de los que consigue sumar. Y del otro lado está la crisis en cascada vivida por AGE desde que, el pasado octubre, uno de sus nueve diputados -cinco pertenecían a Esquerda Unida y cuatro a Anova- decidió dejar el escaño y marcharse como investigador a Dinamarca. Aquel episodio puso en evidencia que la coalición tenía tanto ligamento como una filloa sin huevos, en tanto que una de sus patas, Anova, porfiaba en dirimir públicamente las diferencias entre sus dos corrientes -la nacionalista y la federalista-, facciones que difícilmente podrán ser reconducidas en el futuro hacia la misma dirección.

Porque Anova, más que un partido, es un universo político en sí mismo. De los cuatro diputados con los que llegó al Parlamento gallego, uno es el propio Beiras; el segundo, el que se fugó a Dinamarca; un tercero, Antón Sánchez, fue el artífice de que Lidia Senra sea candidata a las europeas y propugna para Anova un futuro común con Esquerda Unida; y la cuarta, Chelo Martínez, milita en el polo opuesto y no quiere ni oír hablar de consolidar la relación con EU fuera de los muros de O Hórreo.

Con este marasmo interno, casi lo más llamativo es que la coalición Beiras-EU sobrevolara a las tensiones, porque Anova se mostró en ocasiones como una fuerza que quería suicidarse y no lo lograba. Todavía sigue viva. Enredada en su vida interna y con sus dirigentes preparando un ajuste de cuentas en la próxima asamblea. Y ese no es el camino para consolidar AGE, y menos aún para que la coalición pueda tutear al PSdeG.

crónica política

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