Una trama coló 80.000 dosis de hormonas para dopar vacas

La operación Brucela se cierra con 80 imputados, la mayoría en Lugo


Lugo / lugo

Hasta 80.000 dosis de una sustancia hormonal, prohibida en Europa (pero autorizada en Estados Unidos y otros países) pudieron entrar clandestinamente en España en los últimos cuatros años y medio. Buena parte de ellas fueron administradas a vacas de explotaciones gallegas para que dieran más leche. Según recoge el sumario de la operación Brucela, entregado a las partes solo unos días después de que la jueza de Lugo que dirige la investigación levantase el secreto, quienes estaban al frente de la trama para dar apariencia legal a la sustancia la facturaban como alfalfa, papel de celulosa que se usa en los establos e incluso como dosis de semen para las vacas. Hay más de 80 imputados, la mayoría de la provincia de Lugo. La amplia investigación fue desarrollada por el Seprona de la Guardia Civil de Lugo. Los ganaderos dicen que fueron utilizados en un momento en el que el precio del litro de leche era muy bajo.

En la cabeza de la pirámide mafiosa está un mexicano que simulaba dedicarse a la exportación de pieles de conejo. También figuran un padre y su hijo, que dirigían una comercial catalana, que eran quienes supuestamente repartían la sustancia prohibida denominada somatotropina bovina o BST, conocida como hormona de la leche. También está en el entramado otro hombre que hacía el reparto en Cantabria y un alto funcionario de aduanas que supuestamente hacía la vista gorda cuando el mexicano llegaba con sus maletas cargadas de hormonas. En la lista de algo más de 80 imputados figuran ganaderos de Lugo y de un buen número de comunidades españolas. También hay ocho implicados en Muxía y Coristanco. Todos ellos podrían ser acusados de un presunto delito contra la salud pública puesto que la prohibición de uso de la hormona se basa en estudios que aseguran que puede resultar perjudicial para la salud humana. Además, les atribuyen maltrato animal.

La clave para descubrir la trama fueron las escuchas telefónicas. Varios lucenses estaban siendo controlados por la venta de material robado y en alguna conversación salió a relucir el tráfico de medicamentos. Los investigadores comprobaron que una persona, detenida por drogas, estaba vinculada con la administración de las hormonas a las vacas de una explotación de Castro de Rei. El siguiente paso fue saber cómo llegaban.

Las traía directamente, o las enviaba por mensajero, un comerciante de Girona y su hijo que fueron detenidos cuando circulaban por una carretera chairega con 168 dosis de BST. Los responsables de esta empresa no facturaban la hormona utilizando su nombre, sino que en los papeles hacían constar que eran partidas de semen, de corrector vitamínico, alfalfa y otros productos que compran habitualmente los ganaderos. Los envíos llegaban en paquetes de un kilo en los que evidentemente no podían entrar las bovinas de celulosa de dos capas que en algunos casos reseñaban en las facturas. El precio de cada dosis de hormonas oscilaba entre los 12 y los 15 euros.

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