Cien años en plena forma

J. M. Sande CARNOTA / LA VOZ

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Ser centenaria no es impedimento para que la vecina de Carnota Enriqueta Bermúdez siga lavando a mano, cultivando y cocinando

10 abr 2014 . Actualizado a las 18:19 h.

No hacen falta milagros ni sacrificios cruentos. Con un poco de suerte, una buena alimentación y disposición para mantenerse activo y superar los atrancos de la vida, puede llegar uno sin problemas a los cien años. Esa es la receta de Enriqueta Bermúdez Fernández, una vecina del núcleo de Quilmas, en Carnota, que ayer sopló las velas de su centenario con decisión y energía, la misma que le permite echar una mano a sus nietos y bisnietos, con los que reside.

Excelente conversadora, no rehúye ningún tema, tanto sea de política, economía o del corazón. Además, Enriqueta Bermúdez posee el privilegio de tener una prodigiosa memoria, lo que le permite hablar, con conocimiento de causa y experiencia propia, de la República, la dictadura y la transición.

Esta mujer, que ha sabido sobreponerse a duros momentos, se quedó viuda antes de haber cumplido los 60 años y ha visto morir a sus cinco hijos, se mueve con garbo y, por ejemplo, hace su colada en el lavadero que hay frente a su vivienda, llueva o caliente el sol, «porque a roupa queda mellor e non se estropea», apunta.

Dicen de Enriqueta Bermúdez que es presumida, aunque ella asegura que de joven no cumplía con los cánones: «Era branquiña, pero moi fraca, e iso non era o que se levaba». Le gusta arreglarse y no se marcha de casa hasta constatar que ofrece un aspecto intachable. Disfruta saliendo y relacionándose con la gente y, desde luego, no desprecia una partida de brisca: «Hai uns días aínda lles matei o tres en catro ocasións. Paseino moi ben. Pensan que saben xogar, pero a min non mas dan».

Entre fogones

La cocina es otra de sus pasiones y sus parientes afirman que hay menús para los que tiene una mano especial: «Non sei se menten cando din que cociño ben, pero o certo é que cando eu fago a comida non se perde nada».

En todo lo que puede colabora con sus nietos y bisnietos, bien sea remendando unos pantalones o encargándose de recoger los huevos en el gallinero. Aunque una inoportuna caída le obligó a utilizar bastón durante algún tiempo, ahora camina sin dificultad y se encarga de plantar en la huerta.

Enriqueta Bermúdez hace lo que ha hecho toda su vida: trabajar. El mar y la tierra fueron su sustento. Ella vendía por los pueblos el pescado que su marido capturaba y, más tarde, las centollas y percebes que daba el litoral de Quilmas. Estuvo en Canarias y Bilbao, pero afirma: «Non hai terra como a nosa».

Uno de sus placeres son las telenovelas, que sigue con fidelidad. Asegura que ha vivido y sufrido mucho, pero que «agora son moi feliz rodeada desta familia miña».