Las rumanas explotadas en Ferrol tenían tatuado el nombre de su capo

Si no llegaban a casa cada día con 40 euros de pedir limosna recibían una paliza. Varias de las menores liberadas por la policía quieren volver a su país

Llegada ayer a los juzgados de los furgones con los detenidos, que fueron jaleados por otros rumanos.
Llegada ayer a los juzgados de los furgones con los detenidos, que fueron jaleados por otros rumanos.

Ferrol / La Voz

Las jóvenes adolescentes rumanas obligadas a mendigar en Ferrol y Narón y que fueron liberadas esta semana en una operación policial sufrían un régimen próximo a la esclavitud. Fuentes próximas a la investigación han informado de que el clan u organización desmantelada iban a Rumanía a por ellas, entre colectivos gitanos. Con la promesa de un matrimonio y mejor vida y tras pagar la dote las traían a España. Una vez aquí comenzaba su infierno. En el dorso de la mano les queda tatuado el nombre del capo al que pertenecían. A él tenían que darle todo el dinero que reuniesen mendigando y si la recaudación no andaba entre los 30 o 40 euros, según el caso, recibían una paliza.

De las cinco, cuatro tienen edades entre 14 y 17 años, y la quinta, 18. Las menores, con bebés suyos, quedaron a cargo de un centro de la Xunta, y la de 18 de otro servicio de protección de mujeres. La mayoría quieren permanecer a salvo de la organización criminal y regresar a su país.

No solo tenían que mendigar, sino ocuparse de todas las tareas de casa. Hacían la comida, pero no comían a la mesa de los hombres y los hijos varones de ellos. La organización funcionaba con familias y un jefe o capo en cada una de ellas cuyo nombre podía saberse viendo el tatuaje de las chicas.

De los 20 detenidos, 7 pasaron ayer a disposición de la jueza Margarita de Ron, que fue quien supervisó el operativo y firmó las órdenes de entrada y registro en 4 viviendas de Ferrol y 2 de Narón. La declaración de los imputados, prevista para las diez de la mañana, se retrasó más de una hora a la espera de un abogado de Lugo contratado por parte de los encartados. Otros contrataron a un letrado de Ferrol. La indigencia y vida que llevaban las adolescentes esclavizadas contrasta con los automóviles BMW y otras marcas de medio nivel que manejan los hombres. Acuden incluso con estos vehículos a llevar a las chicas a los servicios asistenciales. Negaron ante la jueza los delitos imputados y aseguran que las chicas están casadas por el rito étnico gitano.

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