La parroquia de las mansiones con las persianas bajadas

El recorte de las vacaciones escolares en México reduce el flujo de emigrantes

El paisaje de los concellos de Avión, A Lama o Beariz está inundado de grandes viviendas que pertenecen, en su mayoría, a personas que emigraron a México.
El paisaje de los concellos de Avión, A Lama o Beariz está inundado de grandes viviendas que pertenecen, en su mayoría, a personas que emigraron a México.

A LAMA / LA VOZ

En un momento en el que la construcción está prácticamente parada en Galicia, en la parroquia de Xesta (A Lama) una pala mueve unas rocas junto a lo que parece una gran mansión. La vivienda, inmensa, aún no está terminada. Es de granito, acorde con otras muchas que hay en esa aldea y en el resto de los pueblos de alrededor, ubicados en el límite de ese concello pontevedrés con los ourensanos de Avión y Beariz.

Esas casas son una de las huellas de la fuerte emigración a México que se ha producido en distintas oleadas que comenzaron ya en los últimos años del XIX. Hay algo que identifica a todas, que les da uniformidad. Son como dos sellos de identidad: una imagen de la Virgen de Guadalupe incrustada en una pared y una chapa con el nombre de la compañía de alarmas que guarda la vivienda. Aquí no hay cartel de «cuidado con el perro».

El volumen de estas casas con las ventanas cerradas a cal y canto sorprende tanto que invita a hacer preguntas:

-Hay unas casas por aquí que madre mía. Están construyendo una gigante en Xesta. ¿De quién es?, porque habían dicho que Carlos Slim, que el verano pasado vino aquí a Galicia, no descartaba hacerse una por estos lares.

-«¿Unha casa grande fronte á igrexa, ao lado dunha que ten na entrada a cabeza de dous cabalos? Resulta que é dun primo, pero el di que non é moi grande, que ten unha planta», responde un habitante de una de las aldeas de esa parroquia.

-Pero son dos.

-É que a de abaixo é o garaxe.

Estas viviendas son una forma de mostrar el triunfo que se ha tenido al otro lado del charco. Es algo que explican en Xesta. La costumbre quizá sea copiada de los propios mexicanos que, cuando cruzan el Río Grande y triunfan, regresan a su pueblo y levantan el rancho más grande que les permitan los dólares que han ganado.

La mayoría de esas viviendas están cerradas a cal y canto porque sus dueños únicamente vienen en verano. «Pasan aquí unha temporada e logo volven marchar», explican en el único bar que hay en la parroquia de al lado, en Seixido. Los que viven en Xesta bajan hasta ahí por la mañana para tomar el aperitivo. No piden una caña, ni una taza. Lo que beben es una coronita con su limón. Aunque en el bar también hay Negra Modelo -aunque no es michelada- y en la carta ofrecen unas buenas quesadillas.

Bajan hasta esta cantina porque la de Xesta solo abre por la tarde. Para probar más comida mexicana hay que cruzar el monte y llegar hasta Avión. Justo en un cruce está La Cantina de Sifón, un bar restaurante abierto por Antonio Cortés, un emigrante retornado que volvió a su pueblo hace ocho años. Fue con sus padres cuando solo tenía catorce meses, sus hermanos nacieron allá y hace unos años quiso volver. Ahora no descarta regresar. «Hai moitos que volveron para alá e como isto continúe desta maneira non descarto en volver porque aquí cada vez te apertan máis», dice. Cuando volvió, abrió un supermercado donde hay chile del que pica y luego el bar.

Don Julio, Hornitos... son algunos de los tequilas que se ven en la estantería. Pero no hay mucho movimiento en Avión. La población crece en verano con los que vienen de América. Pero ahora cambiaron las vacaciones escolares allá y no vienen tanto porque son más cortas, reparten también los días de fiesta que había antes en Semana Santa y Navidad. «Xa costa pagar mil e pico de euros por un boleto para vir unicamente pasar aquí un mes, antes viñan noventa días, compensaba», dice. Todo cambia.

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