La risa de Caballero, la rendición del PP


Se escucha estos días en Galicia la risa de Abel Caballero, alcalde de Vigo por la gracia de la oposición municipal (desgobierna, y este es su único mérito, con el 18% de los votos del censo). Caballero no pudo aguantar el viernes esa risa durante la rueda de prensa en la que anunció un pacto oscuro con el PP para Vigo. Es la enésima vez que el alcalde se ríe de algo o de alguien, pues ya se hartó de reír cuando prometió que en su ciudad no habría desempleo (a estas horas, los 35.059 parados vigueses se deben estar tronchando). También se rió del PSOE de Rubacalba y del PSdeG de Pachi Vázquez cuando decidió que la norma «una persona, un cargo» no iba ni con él ni con los suyos; le entró la risa floja cuando el BNG decidió firmar un pacto de gobierno para Vigo que resultó fatal para Vigo y para el BNG; se carcajeó en la cara de Besteiro cuando este, preguntado por los posibles casos de enchufismo en el entorno Caballero y por el affaire Carmela Silva, miró para otro lado; se troncha ahora del PP vigués, aunque cabría preguntarse, viendo el panorama, si es que realmente existe un PP de Vigo y no solo los intereses de un grupo de amigos (los generales, en el pacto no los hay); y se parte, en fin, de risa de Feijoo, quien, tocado por una operación Pokemon que es kriptonita para su discurso de la regeneración (sic) renuncia ya a dar la batalla por la ciudad con más habitantes de Galicia. En este escenario sin oposición se troncha Caballero, porque ha conseguido lo que siempre buscó: tener vía libre para seguir en la poltrona sin que nadie le moleste, para continuar, parapetado tras un consenso que es mentira, su política totalmente caprichosa, con un discurso populista construido a gritos, risas y proclamas, con el que solo él sabe lo que gana, y solo Vigo y los vigueses saben lo que sufren, un día y otro, y otro día, por lo que pierden.

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