Un crimen entre China y Pontevedra

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

GALICIA

Piden 28 años de prisión para el único detenido por la muerte de dos ciudadanas chinas que ejercían la prostitución en la ciudad del Lérez

16 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando apenas falta poco más de un mes para cumplirse el quinto aniversario de uno de los crímenes más inquietantes de la historia reciente de Pontevedra, el de dos ciudadanas chinas que ejercían la prostitución en un piso de la calle Amado Carballo, la Audiencia sentará en el banquillo de los acusados al único detenido por el doble homicidio. Tanto la Fiscalía como la acusación particular, que ejerce la hija de una de las víctimas a través de Mercedes Martín-Esperanza, adscrita al despacho Mareque-Malvar Abogados, solicitan veintiocho años de prisión y el pago de importantes indemnizaciones.

Fue el 29 de abril del 2009 cuando se localizaron los cadáveres. Los informes de la autopsia confirmaron que ambas víctimas llevaban unos días muertas, toda vez que Kun Yon, de 43 años, falleció entre las 8 de la tarde del 25 de abril y la misma hora del día siguiente, mientras que Guang Qu, de 45, encontró la muerte entre el 26 y el 27 de abril, un margen de tiempo entre ambos crímenes que es uno de los principales argumentos de la defensa de Zhang Hai Jie. «Es imposible que murieran a la vez y, además, tuvo que ser su fallecimiento con una separación grande, de unas veinticuatro o más horas», asegura.

Sin embargo, se trata de un argumento que el juez instructor ya abordó en el auto en el que solicitó la extradición del segundo sospechoso, que se cree que ha buscado refugio en su país de origen. De este modo, el magistrado aclara que los informes forenses «indican como posible que las muertes se hubiesen producido en ambos casos en la tarde del domingo 26 de abril, precisamente cuando se encontraba allí el imputado y quien lo había acompañado».

En este sentido, añade que las llamadas relatadas por varios testigos vendrían a poner de manifiesto que ambas mujeres estaban vivas al mediodía.

Lo cierto es que todo parece apuntar que, al margen de testigos, el estudio de las antenas de telefonía móvil será crucial para determinar la culpabilidad o no del único arrestado. La tesis que manejan las acusaciones es que Zhang Hai Jie y el segundo sospechoso se desplazaron desde Elche a Pontevedra.

Las sospechas apuntan a que este último, Wenbin Su, y su por entonces pareja, convivieron una temporada en Pontevedra con Guang Qu. Existen testigos que aseguran que esta les relató que este individuo «había pretendido iniciar una relación con ella, que ella rechazó pese a la insistencia del varón».

Todo parece apuntar en la dirección de que en el trasfondo del doble homicidio puede encontrarse en este hecho, una circunstancia que de confirmarse convertiría a la más joven de las fallecidas en una víctima colateral. Esta, según refiere el fiscal jefe de Pontevedra, Juan Carlos Aladro, falleció por estrangulamiento, sin que se hubiese empleado ligadura alguna.

Intentaron defenderse

No ocurrió lo mismo con Guang Qu, quien fue asfixiada mecánicamente «por sofocación mediante la oclusión extrínseca de los orificios respiratorios», aparentemente, con misma cinta de embalar con la que fue maniatada. Tanto una como otra intentaron defenderse, pero fueron «fácilmente» superadas y reducidas al haber intervenido, supuestamente, dos personas en los homicidios, extremos que la defensa rechaza. En cualquier caso, tras descubrirse los cadáveres, la Policía Nacional realizó una investigación que, al cabo de doce meses, posibilitó la detención de Zhang Hai Jie. Para entonces, la persona a quien las acusaciones implican también en las muertes ya había huido a China.

Se cree que, una vez consumados los homicidios, Zhang Hai Jie y Wenbin Su cogieron un taxi en el que se desplazaron hasta Ourense, ciudad en la que se montaron en un autobús que los trasladó a Murcia. En esta localidad, el 29 de abril, se produjeron dos intentos de extracción de dinero en otros tantos cajeros automáticos con tarjetas bancarias que desaparecieron de la vivienda de Amado Carballo. La triangulación de los móviles de los acusados, presuntamente, sitúa al único arrestado en las inmediaciones del cajero donde se emplearon las tarjetas de Guang Qu.

Este, por otro lado, inicialmente negó haber estado en el interior de la vivienda de la fallecida. Sin embargo, al levantarse el secreto de sumario y conocer que se había hallado una huella dactilar suya en ese lugar, mudó de versión y reconocía haber estado brevemente en el piso.