¡Zocos contra las ciclogénesis!

Las botas de las abuelas se revalorizan gracias al diseño y al color. Elena Ferro ha exprimido desde su taller de Merza el conocimiento de tres generaciones de zoqueiros y sus Eferros marcan tendencia por todo el mundo mientras en Sigüeiro, a las puertas de Compostela, Eva y Luis pisan fuerte gracias a sus Zoclos


Con interminables ciclogénesis entre pecho y espalda, el invierno de Galicia está agotando la paciencia y el calzado de casi todos. Pero por aquello de que aquí la lluvia es arte, el ambiente no está para Manolos ni Letizios, pero sí, y mucho, para Eferros y Zoclos, que suponen la reinvención de los zuecos de toda la vida con los que nuestras abuelas trabajaban a destajo pero con los pies bien calentitos. Igual de cálidos, con un diseño más estilizado, piel de alta calidad y todos los colores que cualquiera pueda imaginar, son los nuevos modelos que corretean por toda Galicia, aunque también han llegado hasta Sudáfrica y Noruega, ya que la venta on line de unos diseños tan especiales ha pulverizado fronteras. Elena Ferro (elenaferro.com) fue la pionera en el diseño de este calzado, que ella y su familia comercializan bajo la marca Eferro gracias al legado que le llegó de las dos generaciones de zoqueiros que la anteceden. De ellos lo aprendió todo y desde muy jovencita, hace casi quince años, empezó a experimentar con colores y diseño de hormas para adaptar las suelas de madera al asfalto y a las superficies duras. Y así, como Van Gogh, evolucionó del diseño y los tonos tradicionales del calzado de trabajo a la explosión de color y texturas de la piel que cada vez se dejan ver y oír con más fuerza creando un zueco de estilo, que calzan hasta las novias.

Uno de sus diseños impactó tanto en Laura, una joven empresaria de Santiago, que cuando vio un par en plena calle no dudó ni un momento en dar el alto a su propietaria y preguntarle, curiosa, como si fuese cronista de la alfombra roja de los Oscar. ¿De dónde son esos zuecos? La respuesta estaba cerca de Compostela, en Merza. «¡Los quiero para mi tienda!», pensó. Y a partir de ese momento, su establecimiento, Ela Diz, en el corazón histórico de Santiago, es uno de los lugares de culto a estos zuecos, que luce sobre un banco artesanal en un lugar privilegiado de su comercio. «Hasta los recomiendan los médicos y también valen para el verano», explica Laura sobre unos pioneros Eferros fucsia y rodeada de un club de fans de este particular calzado, que las conquistó a todas por el diseño y el color y que ahora veneran por su comodidad, muy superior a los tacones. «Con la que cayó este invierno, no te mojas los pies nuuuunca», explica Luz Castro, una de sus recientes devotas. Habla con conocimiento de causa porque las compró al principio de este invierno y no se arrepiente de su diseño negro combinado con impresión de cebra. Mas tarde se apuntó Beatriz Hervella, meteoróloga, que los luce con falda. Para ella es «un complemento superchulo que vale para actualizar cualquier look». «Son perfectos», resume.

La actriz Iria Sobrado es otra adicta a los zuecos de Elena Ferro, que ha calzado a todo el grupo Leilía y hasta paseó uno de sus sobrios diseños en los Goya del año pasado, a los pies de Fernando Cortizo, director y productor de la película de animación O Apóstolo. Los zuecos Eferro de Iria tienen dos años y son de un solo color, el berenjena, pero ya piensa, quizás, en unos azules y amarillos, con los que posó entre Laura (derecha) y su compañera de profesión, Isabel Risco, que de pequeña ya los usaba para ir al colegio en A Coruña. «Pasaba por la zona más pija y mucho se reían de mis zuecos, pero ahora gracias a Elena soy yo la que se ríe de todos», incluido de quienes «apuestan por esas botas danesas teniendo aquí a Elena», reprocha.

«Son todos distintos»

En la misma línea de amor «por nuestras tradiciones» habla Eva María Carreira, que llegó a los zuecos gracias al sueño que mostró su marido, Luis Millán, hace tres años. Ambos disponen de varios establecimientos comerciales de zapatería y reparaciones, el germen de sus zuecos y de su firma Zoclos Artesanía. Eva reconoce que la mayor parte de sus diseños son por encargo, con unas directrices que marca el cliente pero que ambos plasman sin saber el resultado definitivo. Su base de operaciones está en Sigüeiro, cerca de Santiago, porque aunque disponen de un negocio cerca de la Plaza de Abastos compostelana allí apenas tenía sitio para su taller, con hileras de suelas de abedul y un sinfín de colores para los lazos y cordones. Sus diseños dependen del color que quieran sus clientes, con tonos especialmente vivos para las niñas, a las que «les encantan». La mejor prueba la tienen en casa con sus dos hijas, de corta edad.

El pedido más particular fue el diseño de un par de zuecos inspirados en el Atlético de Madrid. Recuerda todos sus trabajos con especial cariño, tanto que reconoce que al entregarlos le queda una sensación de pena que se le pasa cuando ve su trabajo por la calle y también, como Laura, alguien la para para preguntarle por tan particular calzado. En su reciente aventura han confeccionado unos doscientos pares de zoclos. Y reconoce que las ventas on line son un gran escaparate para un trabajo que supone colmar «un sueño compartido» en el que quiere seguir despierta mucho tiempo.

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