Ángel Espadas: «Soy inocente, pero no digo que no cometiera prácticas poco éticas»

Cree que se sacó de contexto que dijese que se hizo corrupto por Conde Roa


santiago / la voz

Ángel Espadas (León, 1972) era la mano derecha de Gerardo Conde Roa. Tras ser detenido e imputado en la operación Pokémon se pasó más de un mes en prisión preventiva. Asegura que lo está pasando mal, pero que esta situación le ha servido «para hacer una limpieza vital» y ver que «solo quedan contigo aquellos que realmente quieren y son amigos».

-¿Cómo sienta ver publicadas sus conversaciones privadas?

-Cuando uno se presenta a un gran hermano seguramente quiera ver toda su vida reflejada en la televisión, en Internet, en los medios, pero cuando a uno le hacen un gran hermano sin saberlo y después ve reflejadas conversaciones privadas, de alguna manera ve violado su derecho a la intimidad.

-En una de esas conversaciones usted dice que por Gerardo Conde Roa hizo de todo y que se hizo corrupto por él...

-Tuve esa conversación con un amigo mío del colegio y si alguien quiere sacar de contexto esa frase pues que lo haga. Yo con Gerardo Conde tuve una magnífica relación personal y política. Por él he estado trabajando durante cinco años una media de 16 o 17 horas diarias y por él hice lo que cualquiera haría por un amigo. A partir de ahí, el hecho de que yo diga que fui corrupto por Gerardo Conde no se debe sacar de contexto. Yo no soy corrupto, soy absolutamente inocente, no he hecho nada que viole el Código Penal y espero que algún día alguien sea capaz de demostrar mi culpabilidad. Que yo sepa, nadie en este país tiene que demostrar su inocencia.

-¿Y a qué se refería entonces exactamente?

-Pues a que quizás sí hice algo de lo que estoy arrepentido, que es desordenar un poco mi vida. La política me llevó a dejar de lado a mi mujer y a mi hijo. Eso me llevó a alejarme de la familia, a estar 14 o 15 horas fuera de casa todos los días y eso produce un desorden vital tanto por comidas, salidas, estar todo el día por ahí con uno o con el de más allá y, al final, desordenas tu vida y eso te lleva a desordenar tu mente y a no estar como tienes que estar y donde tienes que estar en cada momento.

-Usted dice que no es un corrupto. ¿Lo era Conde Roa?

-A mí no me consta...

-Hombre, no me responda como a la jueza...

-Yo creo que no era un corrupto, hasta donde yo lo conocí, pero yo no sé si conocía todo lo que era Gerardo Conde Roa. A nivel personal, yo creo que no era un corrupto. Él se definía muy bien como un caos con patas y ese caos con patas acabó de forma caótica.

-Si es inocente y aquí no hay nada de nada. Entonces, ¿qué ha pasado?

-Quizás ha habido cosas que no se han hecho bien, yo tampoco... Está claro que el paso por el gobierno del PP en Santiago no está siendo todo lo dichoso que tendría que ser. Esto nos tiene que hacer reflexionar a todos. Yo soy inocente, no he cometido ningún delito, pero tampoco digo que no cometiera prácticas que igual son poco éticas. Aquí inocentes somos todos, pero errores cometemos todos, no somos perfectos y debemos entonar el mea culpa, reflexionar y no volver a cometer errores. Posiblemente, las famosas botellas de vino son un error. Eso es un error. En el caso de los enchufes, yo creo que no he enchufado a nadie, pero igual se me escapa algo.

-¿Apartó Conde Roa al secretario y a la interventora porque se oponían a las operaciones de Aquagest y la Finca do Espiño?

-Gerardo Conde toma posesión el 1 de julio del 2011 y ese día por la tarde se entrevista ya con alguna persona para sustituir al secretario. Este es un puesto de funcionario habilitado nacional, de libre designación, que es una decisión discrecional del alcalde el querer sustituirle. Yo no sé cuál es el problema de que quisiera sustituirle. Fue una decisión personal porque su relación con el secretario era muy, muy mala.

-¿Y por qué los jefes de Aquagest hablan continuamente de la necesidad de cambiar al secretario y se jactan de habérselo cargado?

-Eso tendrán que aclararlo ellos. No tengo ni idea.

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