Luz verde al dinero, roja al empleo

Suiza se desdice de los tratados del 2002 para la libre circulación de trabajadores y mantiene el secreto bancario y una cierta laxitud fiscal


Redacción / La Voz

El referendo que obliga al Consejo Federal helvético a aprobar una normativa que limite la entrada de ciudadanos comunitarios en Suiza rompe una vieja tradición de país de acogida y también tuerce la tendencia de acercamiento del país alpino a su entorno comunitario.

Relaciones con la UE

Tratados sucesivos. A partir de los años ochenta, Suiza comenzó una aproximación a la CEE, una vez vaciada de socios la EFTA, a la que pertenecía. Pero en 1992 los ciudadanos rechazaron en referendo la entrada en la Comunidad. Diez años más tarde, en el 2002, Suiza firmó una serie de tratados de aproximación a la UE. A este cambio de orientación se refería estos días Martine Brunschwing-Graf, presidenta de la Comisión Federal contra el Racismo, órgano consultivo del Ejecutivo helvético, al decir que su país ya había pasado «diez años de vacas flacas» entre 1992 y el 2002, cuando el aislamiento redujo el crecimiento económico interior, para concluir que «ahora volvemos a dar la espalda a nuestra buena suerte».

Libre circulación

El acuerdo del 2002. El tratado por el que se acordó la libre circulación y establecimiento de ciudadanos comunitarios en Suiza y de ciudadanos suizos en los países de la Unión, publicado en el Diario Oficial de la UE el 30 de abril del 2002, establecía un plazo de cinco años durante los cuales «Suiza podrá mantener límites cuantitativos relativos al acceso a una actividad económica para una duración superior a cuatro meses e inferior a un año y para una duración igual o superior a un año. Las estancias inferiores a cuatro meses no tendrán ninguna limitación. A partir del comienzo del sexto año, todos los límites cuantitativos respecto de los nacionales de los Estados miembros de la Comunidad Europea serán abandonados».

Fronteras comunes

Schengen. En el 2005 los suizos acordaron, por una mayoría del 55 %, unirse al área de Schengen, que establece la vigilancia común de las fronteras exteriores y la libertad de circulación para los ciudadanos poseedores de pasaportes de los países acogidos al tratado, que son los mismos de la UE y alguno más.

País de acogida

Un cuarto de la población. Sucesivos gobernantes suizos han reconocido la función fundamental de los inmigrantes en la creación de riqueza y en la base demográfica del país. Suiza acogió emigrantes no solo en la etapa del desarrollismo, tras la crisis bélica de los años cuarenta. En 1980 los extranjeros en Suiza eran 900.000. En el año 2000 ascendieron a 1,4 millones. En el 2012, fueron 1,87 millones, el 23,3 % del total, es decir, casi una cuarta parte. Desde los años ochenta, entre 40.000 y 80.000 inmigrantes se nacionalizan como suizos cada año, de manera que la participación de la emigración en la base demográfica del país es aún mayor.

Diferendos

¿Paraíso fiscal? La OCDE ya no tiene a Suiza en su lista gris de paraísos fiscales, pero de hecho esa lista está hoy vacía. Sin embargo, organizaciones como Christian Aid acusan a Suiza de favorecer el hambre en el Tercer Mundo con su laxitud fiscal hacia las empresas que importan bienes de países en desarrollo y los venden a terceros sin pasar por Suiza, con altísimas plusvalías y sin pagar impuestos de importación, al considerarlas «mercancías de paso». El secreto bancario ha dado lugar a acuerdos bilaterales, puntuales, de información fiscal, y a presiones de Estados Unidos y Alemania, pero dirigidas a entidades privadas como UBS y Credit Suisse y no al régimen bancario que se mantiene en el país.

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