Una reforma electoral con tres oposiciones distintas

PSdeG, AGE y BNG asisten divididos al recorte de escaños


santiago / la voz

Sobre el papel puede parecer un pleno más, como cualquiera de las 20 sesiones de este tipo que el Parlamento gallego celebra cada año. Pero este tiene mayor trascendencia. El debate que el martes abrirá el nuevo período de sesiones en O Hórreo difiere del resto en que incorpora a su menú habitual un ingrediente que solo fue catado dos veces en la historia de la autonomía: la reforma electoral, el cambio de las reglas de juego que impulsa el PP, sin que la oposición haya sido capaz de encararla con una respuesta concertada, y no tanto para pararle los pies -pues carecen de los votos para ello- como para darle a Feijoo algún motivo de preocupación.

La única encuesta pública que recogió el sentir de la calle sobre la reforma electoral que pretende sacar adelante el PP, entre otras cosas para recortar en un 20 % el número de diputados autonómicos, es la que hizo Sondaxe hace algo más de un año y su resultado no es precisamente alentador para la postura que defiende la oposición. La reducción del Parlamento contaba de partida con el aval del 67 % de los gallegos.

Con todo, PSdeG, AGE y BNG exhibieron una oposición hostil a la reforma, casi siempre más impostada que efectiva, apelando continuamente a la creación de un frente común lo suficientemente potente como para que los populares dejaran su proyecto de ley guardado en un cajón.

En diciembre pasado, la dirección del PSdeG, ya con Besteiro al frente, llamó a la unidad de acción de toda la oposición, al igual que hizo en enero el portavoz nacional del BNG, Xavier Vence, al invocar la necesidad de crear un frente común para desactivar lo que consideraba un intento de «recortar a democracia».

Retórica del frente común

En cambio, una vez que la reforma electoral está a punto de iniciar su tramitación en el Parlamento, el frente común que figura en la retórica de las ruedas de prensa de los dirigentes de la oposición fue reemplazado en la práctica por tres posturas diferentes, colisionando incluso entre ellas.

La línea de defensa frente al PP es en realidad un frente desarticulado, tres taifas. El BNG optó por presentar una reforma alternativa basada en la proporcionalidad pura, que acercaría el modelo electoral gallego más al del ingobernable Israel que al de las democracias europeas. El PSdeG no planteó una reforma legal, sino un documento de base en el que se sugieren varias y en diferentes frentes, tocando incluso la normativa del Estado. Y en cuanto a AGE, pese a que prometió su propio documento de referencia, por ahora es materia desconocida.

De momento solo las voces más críticas en la oposición admiten que la respuesta dada a la reforma electoral del PP era claramente mejorable, pues son conscientes que las dificultades que existen a la hora de ofrecer una respuesta concertada en un asunto capital lo único que hace es mostrar la debilidad que tiene el proyecto alternativo al Gobierno de Feijoo.

Como ocurrió en el 1992, cuando Fraga sacó adelante en solitario su reforma electoral, elevando del 3 al 5 % el umbral para obtener representación parlamentaria, nada parece que pueda hacer encallar la que abandera el PP de Feijoo, con todos los cambios que lleva aparejados. Hace catorce años, el nacionalista Camilo Nogueira, entonces portavoz del PSG-EG, con tres escaños, se veía arrollado y le lanzaba a Fraga este aviso desde la tribuna: «Non me vai a xubilar un político español de dereitas». Pero aquella reforma simplificó el arco parlamentario y dejó a Nogueira fuera, impulsando la reunificación del nacionalismo. La nueva, en cambio, lo que va a provocar, como poco, es que un diputado por A Coruña o Pontevedra cueste un promedio de 9.000 votos más, lo que simplificará algo más la Cámara.

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