La pachanga de Ourense


Curioso animal el avestruz. Dice el mito que esconde la cabeza y que, de ese modo, los peligros desaparecen. Algo así como el «ojos que no ven, corazón que no siente», pero en el mundo animal. Le pasa algo parecido al PSdeG con Ourense. Sus responsables creen que con mirar hacia otro lado -o mirar hacia adelante- el problema se acabará. Quizás esa sea la sensación desde los despachos del puño y la rosa en Santiago. En Ourense, a pie de calle, es otra bien distinta. Lo que sienten muchos ciudadanos, ante el espectáculo en el que se ha convertido esta crisis, es vergüenza ajena. Asisten a una escenificación que dista mucho de la responsabilidad política que, a los que nos representan, se les supone, como el valor a los militares.

Casi nadie en el PSOE se ha preocupado por ahora de lo que de verdad importa: la gobernabilidad del Concello de Ourense. Claro que les inquieta quién gobierna. Pero solo si no son ellos. Lo que les interesa saber es si podrán seguir manteniendo esta pica al ladito de As Burgas. Les preocupa que con el divorcio político les acaben quitando la custodia de los ourensanos. Pero eso está muy lejos de pretender la gobernabilidad de la tercera ciudad de Galicia. Eso es, en realidad, pensar en las estadísticas. En las suyas. Y esto no es un partido de fútbol aunque en algunos momentos parezca una pachanga, porque no hay árbitro, pero a alguien le van a meter un gol.

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