Boimorto se quedó mudo

Los vecinos apenas quieren hablar de la vida errante de los Mejuto


boimorto / la voz

En Barrio todo queda en el corrillo que forman las cuatro o cinco familias que residen en esta aldea de la parroquia de Dormeá, en el municipio coruñés de Boimorto. Es un círculo estos días cerrado en el que nadie suelta prenda sobre los hermanos Mejuto Paredes, los supuestos cabecillas del grupo que mantuvo secuestrado en Lalín al empresario maderero de Cambre Abel Diéguez. «Non sabemos nada de nada», insisten los lugareños a sabiendas de que son quienes más pueden contar, aunque no lo hacen, de la vida de «os de San Breixo».

Así se conoce a la familia de Manuel y Jesús. Aunque más de uno los recuerda viviendo en el vecino concello de Melide, en Boimorto mantienen que procedentes de esa parroquia de Palas de Rei, en Lugo, llegaron hace unas cuatro décadas a Barrio, donde hoy, en la casa familiar, solo reside la madre, Josefina. La mujer cierra puertas y ventanas cuando ve merodear a extraños por los alrededores de la vivienda, a la que regresó el pasado verano Susito, como lo llama el único vecino del lugar dispuesto a hablar. «Volveu ao pouco de morrerlle o pai», comenta luego de contar que «estivo vintetrés anos, polo menos, en Venezuela e en Brasil», adonde, al parecer, huyó de la Justicia tras participar como cómplice en el asesinato por encargo de una mujer en Asturias. El hijo, también en prisión por su presunta implicación en el secuestro de Lalín, «tívoo desde que marchou de aquí».

A Jesús Mejuto se le vio la semana pasada en Dormeá, donde «non lle fixo mal a ninguén». Esto es algo en lo que coinciden los silenciosos lugareños, que afirman que no tienen «medo ningún porque con nós nunca se meteron». Eso sí, «non lle buscaras as cosquillas», matiza el único que no pone reparos a la hora de hablar. Define la relación con los vecinos como cordial y la justa. «Á súa casa ninguén ía tomar o café», dice para hacerse entender. De hecho, nadie sabe si la madre de Jesús y de Manuel «está ben ou está mal», desde que detuvieron a sus dos hijos y a su nieto. «Nós non imos preguntar», afirman.

La única certeza es que desde que le murió el marido, la mujer recibe casi todos los fines de semana la visita de una nieta que criaron en la casa. Es hija de Manuel Mejuto, quien «de cando en cando, viña por aquí». De la vida del hermano mayor no se sabe mucho más que de la de Jesús. Por lo que se cuenta, él fue igual de errante desde que «foi condeado a unha burrada de anos por contrabando de tabaco». En aquel momento, Manuel regentaba un negocio de hostelería «pola zona das Rías Baixas».

Tras salir de prisión, probó suerte con un bar, -ya cerrado desde hace unos cuantos años- en la localidad de Melide, donde está actualmente empadronado. Es ese un capítulo que también se recuerda durante estos días en la localidad melidense, donde, de un tiempo a esta parte, hay quien dice que era frecuente ver a los hermanos Manuel y Jesús Mejuto, y al hijo de este último.

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