La desgracia vuelve a llamar a la puerta de la familia Diéguez

El rapto se produjo en el vigésimo aniversario de la muerte de un hermano de Abel


A Coruña / La Voz

Ir a los Villares, en el municipio de Cambre, y preguntar por los Diéguez es tener las puertas abiertas. Todo el mundo los quiere y habla de ellos maravillas. Por su entrega al trabajo, por su sencillez y porque siempre estuvieron al lado de sus vecinos para lo que necesitasen. Es ahí donde vivieron toda la vida los padres de Abel y donde tienen la empresa Playa Forestal.

Su vida no fue nada fácil. Los padres recibieron los golpes más duros, como la muerte de dos de sus cuatro hijos. Uno de ellos con apenas 20 años y de muerte natural. Precisamente el sábado pasado, el mismo día en que Abel fue secuestrado, se cumplía el vigésimo aniversario de su muerte. Vivía fuera de Galicia y viajó a casa para ir al médico, pues no se encontraba bien. La víspera de la consulta, tomando un café con su novia en un bar de Sada, falleció repentinamente.

Veinte años después de aquella desgracia y cuando su madre llevaba las flores al cementerio, fue cuando le dieron la noticia de que su hijo Abel había sido secuestrado. Y no habían pasado ni dos años de la muerte de otro hijo.

También tuvieron que pasar por el distanciamiento habido entre los hermanos Abel y Jorge, que tiempo atrás habían trabajado junto a su padre en la empresa maderera familiar. Cada uno se fue por su lado. A Abel le iba bien, a Jorge no tanto. De hecho, la Guardia Civil abrió una línea de investigación por si los secuestradores iban en realidad a por Jorge y no a por Abel.

Este último se casó con una mujer natural de la Costa da Morte y que estudió en el colegio Cristo Rey, muy cerca de donde reside la familia. Ella es empleada de un área comercial de A Coruña y ambos lucharon desde el principio por tener un hijo. Tras dos embarazos malogrados, tuvieron al pequeño.

Abel, que reside en A Coruña, se quedó con el padre tras la ruptura de la sociedad con su hermano Jorge. Tras verse obligados a cerrar la empresa de toda la vida, Maderas Diéguez, fundaron Playa Forestal en abril del 2012 y en muy poco tiempo la convirtieron en una de las más punteras del sector en su zona. Ayer, un día después de la liberación, tanto la casa de los padres como la empresa estaban cerradas.

Esta horrenda historia hay que contarla paso por paso. El sábado de la semana pasada Abel Diéguez fue encañonado en un monte de Aranga y llevado atado y ciego a una casa de Lalín. Si los encargados de la investigación se extrañaron del hecho en sí, patidifusos se quedaron cuando descubrieron la clase de gente que lo había capturado. Una semana más tarde, con la diligencia con que se suelen dar los pasos equivocados, los captores quisieron acabar rápido con lo que habían comenzado. Llamaron de nuevo a la familia y les dieron un ultimátum: «O pagáis 70.000 euros, o lo troceamos o lo matamos».

La amenaza era para tomársela en serio. Sobre todo, después de lo que se supo más tarde, pues la inexperiencia de los captores podría derivar en tragedia. No solo no tuvieron cuidado en evitar que el secuestrado tuviese una imagen más o menos nítida del lugar en el que se encontraba, sino que, para más inri, el encargado de ponerse en contacto con la familia para pedir el rescate tampoco era un lumbrera. Hizo las llamadas sin tener en cuenta que hoy en día las autoridades cuentan con tecnología para localizar el punto desde donde se hicieron.

Parecía imposible que una banda semejante llevase a buen puerto un secuestro. El miedo a verse reconocidos por Abel si lo liberaban podría desencadena lo peor. Y de eso se hablaba ayer en Cambre.

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