«O pagáis o le vamos amputando partes de su cuerpo y lo matamos»

El día de la liberación se cumplía el plazo para entregar los 70.000 euros del rescate


A Coruña / La Voz

La Guardia Civil liberó al empresario de Cambre Abel Diéguez Neira a pocas horas de vencer el plazo de cinco días dado por los secuestradores para que la familia pagase el rescate. La amenaza no podía ser más explícita: «O pagáis 70.000 euros o le vamos amputando partes de su cuerpo y finalmente le matamos». Había que actuar rápido y se actuó rapidísimo. El equipo de Secuestros y Extorsiones de la Guardia Civil supo llegar al lugar donde estaba secuestrado el empresario, de 41 años, y a las dos de la madrugada de ayer la Unidad de Intervención se presentó en la vivienda del lugar de Xar, en la parroquia lalinense de Barcia. Y ahí estaba Abel, en un habitáculo inmundo.

El secuestrado se encontraba bien de salud «a pesar de las condiciones infrahumanas en que lo tenían retenido», contó minutos después de la liberación el teniente Recio, de la Guardia Civil. Y es que Abel Diéguez pasó desde la tarde noche del pasado sábado, cuando lo secuestraron en un monte de Ferreiros (Aranga) tras llevarlo ahí con engaños, en una especie de cuadra o gallinero «de cuatro metros cuadrados, encapuchado y amenazado durante todo el tiempo», subrayó Recio.

Pero tanto tiempo en tan lamentables y limitadas circunstancias le pasó factura al raptado: «Nos pudo hacer algunas declaraciones, muy válidas para continuar con la investigación, pero se mareaba, incluso se desorientaba, y ya decidimos suspender las preguntas y llevarlo a un centro médico», indicó el teniente. Diéguez volvió a primera hora de la mañana de ayer a su domicilio, en O Temple, en el municipio coruñés de Cambre.

Sexagenarios

En la operación que permitió liberar al empresario, los agentes de la Guardia Civil lograron detener a cinco personas: a los propietarios de la vivienda, Miguel Martínez Cuadrado y su mujer, Esther Silva Taboada -ambos, sexagenarios-; su hija, Isabel Martínez Silva, y otros dos hombres, de unos sesenta años de edad, «uno de ellos, la pareja sentimental de Isabel, y el otro, el individuo que portaba la pistola», según fuentes próximas a la investigación. En la vivienda también se encontraba un menor, de 14 años, hijo de Isabel. Además, las investigaciones llevadas a cabo por la Guardia Civil de A Coruña y miembros del Equipo de Secuestros y Extorsiones de la Unidad Central Operativa (UCO), llegados desde Madrid, permitieron dar con otros dos miembros de la banda, uno de ellos también de unos sesenta años.

Esta parte de la operación se desarrolló en Melide. En el momento del arresto estos dos hombres quisieron huir, y para lograrlo chocaron con su automóvil contra el coche patrulla del instituto armado, pero finalmente los agentes pudieron reducir a los delincuentes y detenerlos.

Todo comenzó el pasado sábado, día 18. Abel Diéguez Neira quedó con una persona en el lugar de Ferreiros, cerca de Montesalgueiro, en el municipio de Aranga, con la intención de ver unos montes para tratar de pactar la tala de los árboles plantados en ellos. Y vio a ese hombre, «que seguramente conocía», según indicaron fuentes próximas a la investigación. Abel, totalmente confiado, se bajó de su coche, «y en ese momento lo rodearon otro grupo de hombres. Uno de ellos iba armado con una pistola y lo encañonó. Fue reducido y metido en un coche», relató el teniente Recio, de la Guardia Civil.

Para no ser detectados, «los secuestradores evitaron las vías principales y circularon por carreteras secundarias», subrayó Recio. «Los captores utilizaron casi con toda seguridad las redes viarias secundarias de municipios como Boimorto, Melide... por lo que se sospecha que conocían muy bien esta zona», añadió.

No fue a buscar a su hijo

A la familia de Abel le extrañó que el sábado por la noche no pasase por la casa de su cuñada a buscar a su hijo. Y el domingo por la mañana presentaron la denuncia en la Guardia Civil de Betanzos. A un vecino de Ferreiros también le sorprendió que el coche que había visto el sábado por la tarde aparcado en una pista forestal aún estuviese allí el domingo por la mañana, y alertó a la Guardia Civil. Y ahí se empezaron a atar hilos.

La investigación dio comienzo. Las llamadas de teléfono de los secuestradores pidiendo 70.000 euros por el rescate a la familia de Abel fueron ya claves. Los captores amenazaban al entorno de la víctima con mutilarlo e incluso matarlo. Además, los captores, dos de ellos con amplios antecedentes policiales -uno estuvo en prisión por homicidio- dejaban muy pocas pistas. Pero aun así, la Guardia Civil reventó con un ariete la puerta de la vivienda de Xar. Las personas que había en el interior no ofrecieron resistencia. Los agentes recorrieron la casa y sus alrededores y encontraron a Abel en un cobertizo, encapuchado, tirado en un colchón, en medio de la basura, de sus propios excrementos.

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