Llega a Ferrol una botella arrojada en Florida para estudiar las mareas

El recipiente con mensaje ha recorrido unas 3.500 millas náuticas, más de 6.500 kilómetros

Ángel Díaz, con la botella que encontró en la playa de Ferrol.
Ángel Díaz, con la botella que encontró en la playa de Ferrol.

Ferrol / La Voz

Entre los plásticos, vidrios y otros desperdicios que aparecen cada día en las playas, Ángel Díaz y su madre, Aurora Arribe, encontraron ayer por la tarde un peculiar botín en el arenal ferrolano de San Xurxo. «Vivimos a unos doscientos metros de la playa, y casi todos los días nos acercamos un rato a dar un paseo y recoger la basura que va apareciendo y que nadie limpia», explica Ángel. Y entre los restos que el mar devuelve a la arena, ayer descubrieron algo distinto, una botella con un mensaje que ha recorrido unas 3.500 millas náuticas, más de 6.500 kilómetros, a través del mar para ir a parar a la playa de Ferrol.

El recipiente parece de una bebida alcohólica, explican, y procede del Melbourne High School, un instituto de Florida (Estados Unidos). «No viene con ninguna fecha, pero se ve que la botella debía de llevar mucho tiempo en el mar porque está llena de percebes», explica Ángel.

Análisis de las corrientes

Al abrirla, en su interior encontraron un papel en perfecto estado con la explicación de la misiva. «El mensaje explica que el instituto está haciendo un estudio oceanográfico, suponemos que de las mareas y las corrientes oceánicas, y nos indican un correo con el que ponernos en contacto para contarles hasta dónde ha llegado la botella y en qué condiciones», explican.

Sin embargo, no saben si se trata de un estudio reciente o si la botella puede llevar años surcando el océano. «Creemos que debieron de echar al mar varias a la vez porque nos piden que les digamos el número de serie de la botella para saber dónde aparece cada una, pero la pegatina que la recubre está destrozada y no se lee nada. Tenía también muchos percebes pegados al vidrio, aunque el papel del interior está en perfectas condiciones y se puede leer sin problemas», señalan.

Tras el hallazgo, Ángel y su madre intentaron ponerse en contacto con el instituto a través de correo eléctrico para relatarles el viaje de la botella y poder ayudarles con su investigación. «Mira que nosotros somos asiduos a esta playa, y además venimos siempre a recoger los restos que van apareciendo para intentar mantenerla más limpia, pero nunca habíamos encontrado nada así», aseguran.

Ahora esperan noticias del instituto estadounidense para conocer la historia de su hallazgo y saber si han podido contribuir al estudio de las corrientes marinas.

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