El incendio de Muxía desata una oleada de visitas al santuario

Miles de personas llegan al templo para ver el alcance del siniestro


Muxía / La Voz

«Isto é impresionante; hai máis xente que na novena da Barca», explicaba ayer un voluntario de Protección Civil de Muxía, la agrupación que ha tenido que habilitar un dispositivo de seguridad permanente en torno al santuario para evitar cualquier percance con las miles de personas que se acercaron esta semana -ayer especialmente- a comprobar in situ el alcance del devastador incendio de la mañana de Navidad.

Las incontables visitas hicieron que por la tarde resultase incluso complicado encontrar un sitio en el que dejar el coche y las hileras de personas se extendían desde el mismo acceso al santuario hasta las emblemáticas rocas de la Punta da Barca, a las que la leyenda atribuye propiedades mágicas.

Esta presencia, además de la posible caída de elementos del tejado que obligaron a vallar el acceso e impedir la entrada en la basílica, es lo que más preocupa a la Policía Local porque el mar está muy picado estos días y la zona es especialmente peligrosa como ha quedado demostrado con varios turistas afectados en los últimos años.

La concentración de gente llegaba incluso a la Ferida, el gigantesco monumento de piedra levando a raíz de otra catástrofe, el accidente del petrolero Prestige que puso a Muxía en el centro del mapa de la solidaridad mundial en el 2002.

Esta reiteración de desgracias llevaba a una vecina a afirmar, precisamente en el Salón do Voluntariado que nació del Prestige y en el que ahora se almacenan las pocas imágenes religiosas salvadas de la quema, que «xa vai sendo hora de saír na televisión por algo bo».

Evidentemente, que se queme el santuario más visitado de la Costa da Morte no es algo para celebrar, pero sí tiene algunas consecuencias positivas, al menos a corto plazo, como son los numerosos clientes que reciben estos días los bares y restaurantes de la localidad, que, según explican los hosteleros consultados, multiplican varias veces lo habitual.

Junto al ingente trabajo de reconstrucción por hacer y al negocio momentáneo queda sitio para la simple curiosidad, la de cientos personas que se acercan a A Barca para hacer la foto, como ya ocurrió antes con las rocas ennegrecidas por el chapapote, pero también para momentos emotivos y muchas frustraciones. «Eu xa a vira en fotos, porque o primeiro que fago todos os días despois de levantarme e ler La Voz, pero aquí, no sitio, a verdade é unha auténtica pena ver como está todo», señalaba el jubilado vimiancés Eliseo Amigo, que también se vio sorprendido por la afluencia de gente -«Parece día da Barca», aseguraba- y se quedó con las ganas de conocer más detalles. «Eu quería entrar, pero non deixan e paréceme normal porque son moitas as persoas que están aquí e pode pasar calquera cousa», concluía el septuagenario, que además de acérrimo militante durante muchos años del Partido Comunista es un voraz coleccionista de todo tipo de objetos.

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