¿Un café solo para las nacionalidades históricas?

Rubalcaba tuvo que convencer a Pere Navarro, de que se bajara del tren de lo que hasta el sábado era el derecho a decidir, para no acabar estrellado al final del trayecto y arrastrar de paso en el golpe a todo el PSOE


Madrid / La voz

Se le notaba liberado a Alfredo Pérez Rubalcaba el pasado sábado, cuando por fin pudo llamar a las cosas por su nombre. Después de mucho tiempo teniendo que utilizar el eufemismo del «derecho a decidir» para no dejar en evidencia que había al menos 14 diputados del Grupo Socialista en el Congreso -todos los del PSC- que apoyaban el derecho de autodeterminación, por fin pudo pronunciar esas palabras. «Ahora lo podemos decir», señaló el líder del PSOE, que aseguró que lo que plantean los partidarios del referendo es simplemente el «derecho de autodeterminación».

Para poder hablar así de claro, Rubalcaba tuvo que convencer primero al líder del PSC, Pere Navarro, de que se bajara del tren de lo que hasta el sábado era el derecho a decidir, para no acabar estrellado al final del trayecto y arrastrar de paso en el golpe a todo el PSOE. Rubalcaba, que no es precisamente un entusiasta del nacionalismo, está por fin donde quería en este asunto: junto al Gobierno del PP en la oposición radical a que se permita a los catalanes votar si quieren o no ser independientes. PSOE y PP ya caminan claramente unidos en este tema. Pero, ¿y ahora qué?

Nadie sabe cómo va a acabar esta partida, porque nadie en el PP ni en el PSOE contempla que el referendo pueda llegar a celebrarse. Y nadie entre los defensores de la consulta contempla un escenario alternativo al referendo, más allá de unas nuevas elecciones que supondrían empezar de nuevo el mismo camino. Pero lo que sí empieza admitirse entre los dos grandes partidos es que tendrá que haber cambios en el encaje de Cataluña en España, aunque eso se haga mediante ley, y no saltándose la Constitución. Y en lo que ambos coinciden también es que ese paso no podrá darse otorgando privilegios que afecten solo a Cataluña y a los ciudadanos catalanes.

Cada vez se admite con más claridad en los dos grandes partidos que el café para todos autonómico de la transición fue un grave error. Y empieza a articularse la posibilidad de elaborar un nuevo café selecto que solo podrían probar las nacionalidades históricas. Es decir, Cataluña, País Vasco y Galicia, sin meter en ese saco a otras que se han denominado luego así en sus respectivos estatutos, como Andalucía, Aragón, Islas Baleares, Canarias o Comunidad Valenciana.

Pero el problema de este planteamiento es también múltiple. El pacto fiscal propio, que sería por ejemplo un gran avance para Cataluña o Galicia, es algo de lo que ya disfruta el País Vasco, que, por tanto, no avanzaría nada. Y ocurre también que, debido a las diferencias económicas entre estas tres comunidades, lo que es bueno para dos comunidades ricas, como Cataluña y el País Vasco, podría no serlo para otra que no lo es, Galicia. De ahí que este nuevo café selecto para unos pocos no sea tampoco fácil de servir.

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¿Un café solo para las nacionalidades históricas?