La Eurocámara frena «in extremis» el veto al arrastre y enmalle de fondo

Nueve votos de diferencia salvaron la actividad de 300 buques gallegos y 2.500 empleados


Estrasburgo / Enviada Especial

Decir exultantes es poco. Ver el abrazo entre Javier Garat y Carlos Domínguez (secretario general de Cepesca y secretario general del Mar, respectivamente), los gestos de satisfacción de Carmen Fraga (ponente del informe sobre el acuerdo de Marruecos) o la sonrisa de oreja a oreja de Gabriel Mato (presidente de la Comisión de Pesca), en contraste con la cara de resignación de Kriton Arsenis (autor del informe sobre el arrastre) frente a los micrófonos de los medios de su país, era la evidencia palpable de que, para España y su pesca, todo había salido bien. «Es un día grande para el sector pesquero europeo», dijo Garat. Pero aunque Gabriel Mato (PPE) señalase a Andalucía y Canarias como epicentro de esa satisfacción, porque la Eurocámara aprobó ayer por amplia mayoría el acuerdo con Marruecos, no hay duda de que es Galicia la que ha salido mejor parada.

Pese a que la sombra de la amenaza estaba más lejos, (la gestión de las especies de aguas profundas está en una primera lectura en el Parlamento Europeo), lo cierto es que ayer estaba en juego la actividad de 300 buques gallegos de arrastre y enmalle de fondo, con los cerca de 2.500 puestos de trabajo que penden de los barcos que emplean esos aparejos en aguas comunitarias. Y se salvó por una escasa diferencia: los nueve votos que hubo de más entre los que estaban en contra de prohibir esas artes de pesca y los que abogaban por su desaparición por debajo de los 600 metros de profundidad.

«Sentido común»

El secretario general de Pesca, Carlos Domínguez, se alegró de que haya imperado el «sentido común» entre los parlamentarios, y no haya calado la que calificó de «ofensiva feroz de los ecologistas radicales», que pretendían, «sin base científica alguna», imponer un veto al arrastre y al enmalle de fondo sin tener en cuenta que su iniciativa no solo torpedeaba a la flota industrial, su principal demonio, sino también a muchísimas embarcaciones de litoral del Cantábrico y Noroeste, «vascas, asturianas y gallegas».

Raúl Romeva (de Iniciativa per Catalunya Verds), que apoyaba la enmienda que abogaba por la prohibición, admitió al término de las votaciones que sería difícil resucitar la propuesta de veto en las negociaciones con el Consejo y admitió que no estaban «para nada contentos». Romeva explicó que el cambio de voto de un grupo de socialistas franceses hizo decaer una enmienda de su autoría que consiguió seducir incluso al propio ponente del informe Kriton Arsenis. El griego llegó a votar en contra de lo que defendía su texto, rompiendo así el compromiso que apenas un mes antes había alcanzado y hasta celebrado con los demás miembros de la Comisión de Pesca.

Reproches a Arsenis

La actitud de Arsenis arrancó severos reproches, incluso dentro de su grupo. Y si el gallego Antolín Sánchez Presedo (PSE) -que apoyó al arrastre- suscribió uno al manifestar su «decepción por una conducta parlamentaria no apropiada», no se quedó atrás Carmen Fraga, que calificó a Arsenis de «traidor al que le ha salido mal la jugada».

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