Dos Audiencias y un rumbo suicida

Pablo González
pablo gonzález REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

La tolerancia de la sentencia con la gestión contrasta con la beligerancia de un auto anterior

14 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Es evidente que la sentencia ha dejado una marea de frustración entre todos aquellos ciudadanos que, legítimamente, se sintieron engañados, manipulados o agredidos durante aquellos días de noviembre del 2002. Depositaron en el juicio la depuración de unas responsabilidades políticas que no son materia de una causa penal. Y los expertos en este asunto, un selecto club de profesionales que saben todo al respecto, han dictaminado que no hay delito. No niegan que la gestión fuera «difusa», no niegan que la orden de alejar el barco sea «discutible». Pero no ven en ello un delito contra el medio ambiente, sino todo lo contrario: un intento no exento de errores para proteger la costa.

Los ciudadanos comprensiblemente frustrados lo estarán más si en octubre del 2009 leyeron el auto con el que la misma Sección Primera de la Audiencia Provincial de A Coruña, entonces compuesta por otros magistrados, revocaba la decisión de la jueza instructora de no imputar a López Sors. Quienes firmaron aquel auto, encabezados por Ángel María Judel Prieto y muy críticos con la gestión gubernamental, fueron recusados por haber tomado decisiones relevantes durante la instrucción. El Estado estaba especialmente interesado en que estos jueces no fueran los que asumieran la vista oral. Y lo consiguieron.

La propia sentencia hace varias menciones a ese auto que calificaba de «error clamoroso» el alejamiento o definía la gestión con un «peor imposible». El fallo aclara que la nueva composición de la sala tuvo oportunidad de tener una «perspectiva más completa» que los magistrados que tutelaron la instrucción, por el simple hecho de haber seguido el juicio. Pero hay sobre todo una mención cargada de intencionalidad. El auto que validó el recurso de Nunca Máis contra la desimputación de López Sors definía la decisión de enviar el Prestige mar adentro como un «rumbo suicida» y detectaba un «desprecio negligente» a las alternativas de refugio. Ahora, en cambio, los magistrados que asumieron el juicio y participaron en las deliberaciones emplean deliberadamente la misma expresión para negarla de raíz. «No se impuso un rumbo suicida, sino un alejamiento dentro de un margen de seguridad aceptable». Quienes aluden y los aludidos se cruzarán por los mismos pasillos.