Latinos, rumanos y nigerianos controlan la trata de mujeres en Galicia

Pese a las frecuentes operaciones policiales, el fenómeno no decrece


REDACCIÓN / La VOZ

Dos operaciones recientes, la detención de un grupo de nigerianos en Vigo y la liberación de una menor rumana sexualmente esclavizada en un prostíbulo de Padrón, han vuelto a poner de manifiesto la buena salud de las mafias que se dedican en Galicia a la trata de mujeres para su explotación sexual. Pese al relativamente frecuente desarrollo de operaciones policiales, el negocio sigue funcionando y rindiendo pingües beneficios a estos modernos esclavistas que llenan de mujeres los burdeles, no solo gallegos, sino de otros puntos de Europa.

¿Quiénes controlan estas organizaciones? La policía distingue básicamente tres clanes con metodologías diferentes: los sudamericanos, que trafican con mujeres paraguayas y venezolanas en su mayor parte; los rumanos, que se han asentado con fuerza en los últimos años, y los nigerianos, cuya estructura en Galicia sufrió un duro golpe a finales del mes pasado con la operación de Vigo.

Pese a sus singularidades, el método delictivo es similar: captan mujeres en entornos desfavorecidos con la promesa de un trabajo en España a cambio de una cantidad que, para las mujeres tratadas, se convierte en una deuda que nunca se satisface. Cuando llegan a su destino, les retiran la documentación y las obligan a prostituirse para satisfacer la deuda o las amenazan con tomar represalias contra su familia si no acceden a prostituirse. Una vez metidas en la rueda les resulta prácticamente imposible salir de ella, siendo trasladadas o simplemente vendidas a otros explotadores.

Los expertos policiales del grupo Ucrif (Unidad contra las redes de inmigración ilegal y falsedades documentales) distinguen claramente la forma de actuación de estas redes. En el caso de las sudamericanas, en los últimos años se ha producido un cambio significativo en el origen de la trata. Descienden las mujeres de Brasil por la mejora económica de su país y las de Colombia, tras la obligatoriedad del visado para viajar a España. Por contra crecen las que son desplazadas desde Paraguay y Venezuela. En este caso, algunas ya saben que su destino es la prostitución, aunque la mayoría creen que van a trabajar en el servicio doméstico. A su llegada, sin papeles y obligadas a satisfacer una deuda de entre 3.000 y 5.000 euros, son instaladas en clubes de alterne y movidas por toda España.

Los expertos policiales califican a las mafias rumanas como las más violentas y carentes de escrúpulos. Las mujeres que desplazan hasta Galicia son captadas en su entorno más cercano; muchas veces en el seno de su propia familia: «Es muy común encontrarse con que prostituyen a su sobrina, a su hermana y hasta a su propia hija», explica un inspector de la Ucrif. Son, además, extremadamente violentos y ejercen el control sobre sus mujeres con golpes y palizas.

En el caso de las nigerianas, la policía diferencia dos tipos: la clase VIP, que viaja desde el país de origen (Nigeria y Mali) en avión y con documentación falsa hasta España, desde donde son redirigidas a otros países de Europa, los más rentables en este momento, Suiza y Luxemburgo, y el resto, que viajan en camiones hasta Marruecos, desde donde cruzan el Estrecho en patera. Algunas son embarazadas para solucionar su residencia al llegar a España. Deben satisfacer una deuda de entre 50.000 y 60.000 euros, que rara vez son capaces de juntar y son controladas a través del vudú, ceremonias que provocan una sumisión absoluta por parte de las víctimas.

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