El puente aéreo del diputado ausente

Fernández Calviño emplea cinco horas y cuarto en sus viajes al Parlamento desde Dinamarca, donde un edil deja de serlo si se cambia de municipio


Redacción / la voz

A David Fernández Calviño no le vendría nada mal contar a partir de ahora con un gestor personal de viajes para hacer cuadrar sus horarios de investigador en Dinamarca con los de diputado en Santiago, y además no dejarse en ello los 2.349 euros que pasará a percibir al mes en cuanto comunique al Parlamento que ya no tiene derecho a seguir ingresando el sueldo que cobra por dedicarse en exclusiva a representar a Ourense en la Cámara.

Solo en tiempo de viaje efectivo el aún diputado de AGE tendrá que perder cada vez que se mueva entre sus dos trabajos un mínimo de 5 horas y 15 minutos, a lo que deberá añadir los plazos previos de embarque y los momentos de espera en los aeropuertos de salida, en los de escala y en las estaciones donde tomará autobús y tren, dependiendo de si viene o va. Ni siquiera el tan socorrido aeropuerto de Oporto le va a dar la posibilidad de viajar de manera directa a Copenhague.

Entre unas cosas y otras, las siete horas no se las va a quitar nadie, aunque el portavoz de su grupo, Xosé Manuel Beiras, quiera ver a Galicia a dos horas de cualquier parte de Europa, como dijo para restar importancia a las ausencias que ya ha protagonizado su diputado.

Quince minutos en tren desde su casa en Copenhague hasta el aeropuerto de la capital danesa será su primera etapa. Tras aguardar a que salga su avión, pasará sentado en él tres horas y cuarto hasta llegar a Barajas. Tras la espera del enlace a Lavacolla, otra hora y cuarto le llevará el vuelo a Santiago, y una vez en la pista, si se sigue moviendo en transporte colectivo, tendrá que aguardar media hora a que el autobús le deje ante la estación de tren, a unos cinco minutos del Parlamento.

Difícil por menos de 200 euros

Pocas veces bajará de los 200 euros por viaje, como atestigua Chema Fuentes, natural de Carnota y estudiante de ingeniería química en la Danmarks Tekniske Universitet mientras sigan existiendo las becas Erasmus. En su grupo ya tienen conocimiento del revuelo montado con el pluriempleo de Calviño, y aunque se confiesa «políticamente próximo a AGE, muy a mi pesar veo complicado que pueda compatibilizarlo. Se terminará cansando», augura.

Chema, que se sabe de memoria todas las combinaciones posibles entre Galicia y Copenhague, traza vuelos desde Oporto a Lisboa, y de allí a Dinamarca: o desde Madrid, o Barcelona, o desde París, aunque por buscar hasta hay conexiones vía Moscú. Pero otra cosa son los precios. Chema ya tiene en el bolsillo su billete para Navidad: 210 euros ida y vuelta, pero solo es una oferta para Erasmus.

«A culpa de que ese señor non vaia facer o seu traballo como debería é de quen o consinte», advierte enérgico a sus 69 años Óscar Cordal, presidente del Círculo Galaico de Dinamarca. «Que vai ser iso normal, que elixan a un político para que se preocupe pola súa provincia e viva a case 3.000 quilómetros. En Dinamarca se un edil muda a súa vivenda ao municipio do lado, perde a súa acta no concello», asegura Cordal para pedir a David Fernández «que deixe o sitio a outro que se poda ocupar do traballo para o que foi elixido». Mientras, su puesto en las comisiones ya ha sido ocupado por la viguesa Chelo Martínez, bautizada por el PP en la propia Cámara como la «nueva diputada adoptiva de Ourense».

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