La policía libera en Barajas a otra esclava sexual de la red de Vigo

La víctima acababa de llegar como turista e iba a ser enviada a Manlleu


Vigo / La Voz

La policía ya ha liberado a diez mujeres que eran explotadas por la red internacional de proxenetas nigerianos de Vigo. La última víctima fue rescatada el día 24 por la policía cuando aterrizó con visado de turista en el aeropuerto de Barajas, en Madrid. Los agentes averiguaron que la banda planeaba enviar a la nueva reclutada a Manlleu, un pueblo de Barcelona. Cerca, en Vic, operaba un jefe del clan vigués.

Cuatro mujeres habían sido vendidas por la mafia de Vigo a proxenetas afincados en el extranjero que las ponían a trabajar en las calles de Francia, Italia, Luxemburgo o Austria. Aprovechaban el libre tránsito de personas en el espacio Schengen y, cada poco, las cambiaban de país para deslocalizarlas, sacarles más beneficios y evitar que se aclimatasen en una ciudad y aprendiesen el idioma para pedir socorro. Las otras cinco estaban repartidas en dos pisos en Vigo y uno en Redondela. Además, la policía liberó en octubre a una de las víctimas en la zona portuaria de O Berbés cuando era vigilada por una capataz.

Según fuentes policiales, la red podría haber explotado a entre 150 y 200 víctimas en los seis años que lleva el jefe en Vigo. Las tenían esclavizadas las 24 horas. «Cando estás escravizada, non hai horarios, chámante a calquera hora», explicaron ayer fuentes de la oenegé Faraxa que socorre a las explotadas sexuales.

En una rueda de prensa en Madrid, fuentes policiales explicaron ayer que estas mujeres eran esclavizadas en sus países de origen incluso por sus maridos, hermanos o primos o eran reclutadas por familiares y conocidos. Una prueba es que la nigeriana atropellada por una deuda en junio en Vigo fue auxiliada por su primo. Este fue detenido hace una semana con el resto de la red y puesto en libertad con cargos. Su papel sería el de falsear documentos, pero otro se autoinculpó de todo.

Una de las detenidas en Vigo viajaba a Nigeria regularmente para reclutar jóvenes y otra captadora colaboraba con el grupo de Vic. Una vez captada una joven, el brujo las hechizaba en una ceremonia vudú y ellas se comprometían a pagar una deuda de 50.000 euros por el viaje para trabajar engañadas. Si incumplían el trato, caería la maldición sobre sus familias. Por eso, hacía tres ceremonias a la salida, trayecto y llegada.

Los implicados les daban documentos falsificados para obtener el visado de turista por tres meses. Salían del aeropuerto de Benin City y aterrizaban en países del área de España, como Portugal, para no levantar sospechas. Una llegó en barco hasta Valencia. Los traslados eran gestionados por un detenido que vivía en la calle Urzaiz, de Vigo.

Un supuesto falsificador de permisos operaba en Redondela, en la rúa Castelao. Su labor era fácil porque en África o incluso hace poco en Inglaterra los documentos de identidad son tan burdos que los expiden los alcaldes del pueblo en una hoja de papel con firma del interesado y sello.

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