Un «think tank» contra el despilfarro

El Foro Económico de Galicia exige más control en la inversión pública y crear una agencia supervisora


Santiago / La Voz

El Gaiás, los aeropuertos de Castellón o de Ciudad Real o el Parque del Agua de Zaragoza forman parte de esa nutrida lista de despropósitos del cemento fraguados en España en los años de bonanza. El Foro Económico de Galicia, formado por empresas y por el mundo académico para influir en los centros de decisión pública, lo que por el mundo se conoce como think tank, se descolgó ayer en Santiago con una propuesta que esta misma semana se enviará al Gobierno gallego y a los parlamentarios: aprovechar los recursos humanos y materiales ya existentes para crear en Galicia una agencia que se encargue de evaluar los proyectos de infraestructuras públicas. El encargado de firmar la propuesta es Baltasar Manzano, profesor de la Universidade de Vigo, que ayer presentó la ponencia en Santiago para mejorar la eficiencia en las políticas públicas de inversión como vía para preservar el Estado de bienestar, un asunto de enorme interés social en un contexto como el actual, marcado por las restricciones presupuestarias y por los inagotables sacrificios de los ciudadanos con sus bolsillos.

La iniciativa del Foro Económico de Galicia cobra especial relevancia si se tiene en cuenta la escasa tradición que existe en el Estado español de evaluar o supervisar la conveniencia de emprender grandes obras, cuyo nacimiento depende a veces de la voluntad de un político por brindar a la sociedad un imborrable legado, de una mala previsión o del mal endémico del clientelismo, con el que se han repartido costosísimas obras como quien aliña una ensalada.

El modelo coreano

Tal y como explica el profesor Manzano en la ponencia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania, Holanda, Suecia o Nueva Zelanda constituyen ejemplos de buenas prácticas en la evaluación económica de infraestructuras de transporte, pero quizás sea Corea del Sur uno de los modelos a imitar. Un país que dispone de un organismo independiente de evaluación para mejorar la eficiencia en el uso de los fondos públicos.

El país asiático ha conseguido ahorrar un 35 % del presupuesto en infraestructuras al rechazar el 46 % de los proyectos evaluados, frente a un ahorro del 3 % cuando no disponía de la agencia de supervisión. En el extremo contrario, rozando lo grotesco, se situaría España, que en el año 2007, con Zapatero en la Moncloa, creó la Agencia Estatal de las Políticas Públicas y la Calidad de los Servicios. Lejos de constituir un organismo independiente era, en realidad, una ramificación supervisada por el propio poder ejecutivo. Con un presupuesto de 4,5 millones destinaba todos sus recursos al capítulo de personal. Y así, en el último plan de evaluaciones, publicado en el BOE en el 2011, aparecen cosas como el control de las ayudas del ICO, la supervisión del funcionamiento de una ventanilla única para el comercio en Canarias o la evaluación del plan integral de la playa de Palma.

Todo esto en un país con una Ciudad de las Ciencias en Valencia, de la Cultura en Galicia, con aeropuertos vacíos y con una inversión fallida para concurrir a unos juegos olímpicos.

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