Sogama o el milagro de la basura

Albino Prada
Albino Prada CELTAS CORTOS

GALICIA

22 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando pregunto a mis alumnos si saben cuál es el destino final de la basura que tiramos al contenedor verde me sorprende comprobar que buena parte de ellos no saben muy bien cómo rayos desaparece. Para muchos es casi como un asunto mágico. Sin embargo hay mucha economía detrás. En el sistema actual pagamos los usuarios (hogares, negocios, empresas) para que esa basura se coloque en Sogama y allí se convierta en electricidad. Pero si la electricidad que genera Sogama no aporta los ingresos netos que debiera, entonces los costes para los usuarios deben ser mayores. Lo primero que llama la atención es que el Gobierno en su afán de frenar la deuda que reclaman las eléctricas por un supuesto «déficit tarifario» (deuda que tienen ya descontada en los bancos) haya penalizado todas las energías renovables y a todos sus generadores (como Sogama). Porque existen generadores de electricidad que se forran con el sistema actual (nuclear e hidráulica) y otras fuentes (como la biomasa en general) que no tienen ese margen. Y no puede ser que para frenar aquel déficit aquellas mantengan el statu quo y estas otras vean reducir su viabilidad.

Lo segundo que llama la atención es que de repente en España generar energías limpias se haya convertido en una burbuja que acabemos pagando los consumidores o los contribuyentes. Porque va a resultar entonces que es mejor quemar muchos más hidrocarburos o gas (que no tenemos y que contaminan) que autoabastecerse de energías que sí tenemos (eólica o biomasa por ejemplo). Hecho lo anterior, lo tercero que habría que aclarar es que Sogama no tiene por qué ser la mejor opción para el tratamiento de los residuos urbanos que no sean reciclables y menos aún que lo sea por ser más barata. Podría ser más cara y aún así ser una buena opción. Si pagásemos por volumen arrojado en el contenedor (y no una tarifa plana) y si solo se incinerara lo mínimo posible. No como hasta ahora que nada incentiva una menor generación de residuos. Y aún así no tiene por qué ser ni la mejor opción, ni, menos aún, la única. Porque todo monopolio es, en sí mismo, un riesgo.