Feijoo sube el tributo de la gasolina en plena crisis para pagar la sanidad

Los gallegos abonarán en el 2014 entre 2,4 y 3,6 céntimos más por litro de combustible


Santiago / La Voz

Mientras la capacidad adquisitiva de los hogares encoge centrifugada por la devaluación salarial y la incontrolable lacra del desempleo, el coste de aspectos básicos de la vida diaria crece circulando por el sentido contrario. En aras de preservar la sostenibilidad del modelo público de salud, la Xunta ha decidido que todos los gallegos, con independencia de su renta, paguen 2,4 céntimos de euro más por litro de gasolina y 3,6 más por el de gasoil cada vez que pasen por el surtidor a repostar. Es la consecuencia de la subida del tramo autonómico del impuesto especial de hidrocarburos, anunciada ayer por la conselleira de Facenda, Elena Muñoz, y que se incluirá en las presupuestos de la comunidad para el 2014. Una medida que se suma al copago de fármacos de dispensación hospitalaria decidido por Madrid y que aplicará Galicia.

Con este incremento en el tributo de hidrocarburos, que permitirá a la Xunta recaudar 53 millones, Galicia alcanza el tope impositivo permitido e iguala la fiscalidad de sus carburantes a la de la mayoría de las autonomías. Una decisión que ya había deslizado Feijoo en una entrevista publicada por este diario el 15 de septiembre. «No subiré los impuestos por encima de ninguna comunidad», declaró entonces.

La Xunta ha definido el incremento como una equivalencia con el resto de las autonomías, en lo que parece una estrategia para atenuar la impopularidad de la medida. Quedan al margen de la subida los transportistas, que abonarán lo mismo, y se mantiene exento de gravamen el gasoil especial, es decir, el del sector primario (agricultura y pesca) y que el se usa en las calefacciones de los hogares. Galicia fue la segunda comunidad del Estado, tras Madrid, en cobrar el conocido como céntimo sanitario. José Antonio Orza, exconselleiro con Fraga, decidió ponerlo en marcha en el 2004 para mitigar el impacto del envejecimiento poblacional en el gasto sanitario.

El contexto de hoy es bien diferente, fruto de una galopante crisis económica y demográfica. Con la nueva fiscalidad, llenar un turismo convencional con un depósito de 50 litros costaría - con los precios actuales- 1,2 euros más en el caso de la gasolina y 1,8 euros en el del gasoil. Elena Muñoz explicó ayer que para incrementar la justicia fiscal la Xunta ya ha puesto en marcha un plan de lucha contra el fraude que ha permitido aflorar 200 millones de euros de deuda oculta. Pero ante la tendencia decreciente de los ingresos ha sido insuficiente.

Prioridad

«Consideramos que hay una prioridad que está por encima de todo a la hora de elaborar las cuentas públicas y es mantener el gasto social: el impuesto de hidrocarburos tiene un matiz claro y se destinará a financiar la sanidad», argumentó ayer la responsable de Facenda en una entrevista con la agencia Efe. La decisión incluida en los próximos presupuestos de la Xunta, que irán al Parlamento gallego a finales de la próxima semana, amenaza con abrir aún más la zanja que separa al Gobierno de las fuerzas de la oposición, que han reclamado siempre medidas fiscales para gravar las rentas más altas.

Un tributo indirecto

El impuesto de hidrocarburos es de carácter finalista y constituye, sobre todo, un tributo indirecto. Es decir, no tiene en cuenta la capacidad económica ni la condición de renta del contribuyente. Lo tiene que pagar igual un alto directivo de empresa que un jubilado con una pensión mínima.

El céntimo sanitario, desde su implantación, ha suscitado numerosas voces críticas que sostienen que rompe los principios generales que debe regir el sistema impositivo: capacidad, progresividad y equidad.

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