Cazadores y ganaderos, en el punto de mira por el fuego de Oia

El fuego, que quemó casi 2.000 hectáreas, se inició ante una caseta de vigilancia forestal

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Oia / La Voz

El incendio que arrasó desde la tarde del lunes casi 2.000 hectáreas de masa forestal de los ayuntamientos pontevedreses de Oia y O Rosal fue intencionado. Al personal de lucha contra el fuego desplegado en O Baixo Miño no le cabe duda y se siguen ya dos frentes de investigación. La Brigada de Investigación de Incendios Forestais de Galicia (BIIF) está convencida de que ganaderos, cazadores, o incluso afectados por la presencia de jabalíes y otros animales están detrás de la mano que prendió fuego a las 18.45 horas del lunes en lo alto del monte da Pedrada, entre los límites de Oia y Tomiño.

El fuego, que rápidamente se extendió por todo el valle del río Tamuxe, ubicado entre el Miño y la costa que remata en A Guarda, tuvo su primer foco a los pies de una caseta de vigilancia forestal, lo que algunos miembros de equipos de extinción consideraban ayer incluso como un desafío hacia ellos.

Con la primera línea de investigación, los expertos tratan de dilucidar si algún cazador o grupo de ellos pretendió limpiar por la vía del fuego una zona ahora dificultada para la caza por la gran cantidad de masa arbórea plantada, o si por el contrario, algún vecino trató de espantar de sus campos a conejos y jabalíes, estos últimos tan numerosos ahora que han propiciado el adelanto del período de caza de octubre al pasado 17 de agosto. La segunda vertiente de investigación coloca a propietarios de ganado bajo la misma lupa, al estimarse como hipótesis la intención de generar nuevas zonas de pastos ganadas al monte con las llamas.

Dos lenguas de llamas

El fuego, divisado a falta de una hora para que los medios aéreos pudiesen operar con seguridad, pasó con enorme rapidez desde el monte donde fue originado, en la parroquia de Burgueira, al resto del valle del río Tamuxe, saltando por encima de carreteras e incluso el propio cauce. Las dos lenguas de fuego en las que el viento cambiante partió el frente corrieron en uno de sus extremos con un ancho de más de cuatro kilómetros hacia Acevedo, parroquia del ayuntamiento de O Rosal, rolando la segunda lengua hacia el alto de la montaña que separa a todo el valle del mar.

Aunque ninguna casa se vio afectada en su estructura, el fuego dejó su rastro en una docena de edificaciones. Casi unas doscientas personas tuvieron que abandonar durante la madrugada del martes sus hogares por la cercanía del fuego, que los efectivos desplegados pudieron controlar, aunque muchas de las familias afectadas no pudieron comprobar la suerte que habían corrido sus viviendas hasta que de mañana pudieron regresar.

«A ojo, 1.800 hectáreas»

Alejandro Rodríguez, alcalde de Oia y perteneciente al PP, estimaba a primera hora de la tarde de ayer, y cuando la Xunta daba por estabilizado el incendio, que solo en su municipio el fuego había arrasado entre 1.500 y 1.800 hectáreas. «Lo digo a ojo, pero conociendo la zona como la conozco de ahí no baja, y aún hay que añadir todo lo que haya ardido en O Rosal», decía al volante de una unidad motobomba en la que ya acumulaba más de 24 horas de trabajo.

Agentes forestales de la zona daban por seguro también que el incendio al final no bajará de las dos mil hectáreas, convirtiéndolo de momento junto al de Cualedro en los más voraces del verano. La Xunta, por su parte, cifró desde el mediodía en 1.200 hectáreas la superficie quemada, aunque el dato oficial fue anunciado como provisional por la propia Administración autonómica, que hoy tiene previsto certificar sus cifras.

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