A Coruña / La Voz

«Aquí tienes la obra de tu madre». El padre Alonso, párroco de Liáns (Oleiros), el lugar elegido por Rosalía Mera para su entierro, apuntó a los centenares de personas congregadas en el pequeño recinto del cementerio para señalar a la hija de la empresaria, Sandra Ortega, «el amor de aquellos que han conocido a la persona, no al personaje».

El féretro de la empresaria entró al camposanto, engalanado con las coronas recibidas en los últimos días, tres minutos antes de las once de la mañana, envuelto en un silencio que solo rompió el sonido de una gaita interpretando la Marcha del Antiguo Reino de Galicia. Allí la esperaban personajes del mundo de la política, la economía y la cultura que, junto a muchos rostros anónimos, se habían congregado para acompañar a los familiares y colaboradores de Mera en su último adiós.

Uno de los primeros en llegar al lugar fue Amancio Ortega, exmarido de la presidenta de la Fundación Paideia, que hizo acto de presencia a las 10.20 horas, junto a su sobrina Dolores, el marido de esta, el empresario Juan Carlos Rodríguez Cebrián, y los hijos del matrimonio. Apenas cinco minutos más tarde llegaba el presidente de Inditex, Pablo Isla, junto a su mujer y los colaboradores más cercanos a Rosalía Mera en Paideia, como el vicepresidente de la entidad, Guillermo Vergara, que apareció con la cantante Luz Casal.

Mientras los familiares y allegados se iban concentrando en el interior del cementerio, en el exterior se congregó una amplia representación política, encabezada por el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, y entre los que se pudo ver a la conselleira de Traballo, Beatriz Mato; el presidente de la Diputación de A Coruña, Diego Calvo; y los alcaldes de Arteixo y Oleiros, Carlos Calvelo y Ángel García Seoane.

La última en llegar, acompañando el féretro, fue Sandra Ortega, arropada por su marido, Pablo Gómez, y sus tías. Con ellas entró en el cementerio el resto de la comitiva fúnebre, para dar comienzo a una ceremonia breve, donde tan solo tomó la palabra el párroco de Liáns, José Carlos Alonso, que en un breve pero emotivo discurso pintó a Rosalía Mera como «una madre y abuela coraje que luchó por los suyos y que tanto luchó por su otra hija, la fundación, que velaba por los más desprotegidos».

«Era una mujer menuda, pero menuda mujer», exclamó el padre Alonso, que recordó que fue la propia Mera la que escogió el lugar donde quería ser enterrada, en el mismo municipio en el que residió los últimos años: «Ella quería descansar aquí, eligió este sitio».

En un acto en el que se concedieron pocas licencias espirituales -tan solo se rezó un padrenuestro durante la ceremonia-, el cura pidió a los familiares que no llorasen «por haberla perdido sino que dieseis gracias a Dios por haberla tenido».

Pero, sin duda, el momento más emotivo de la ceremonia lo protagonizó Sandra Ortega, que se acercó al féretro de su madre para depositar una rosa blanca antes de que se cubriese. La misma flor que componía, junto a margaritas y lilios también blancos, el centro floral enviado por los trabajadores de Paideia y las empresas de Rosalía Mera, el único que se colocó encima de la sepultura.

Apenas quince minutos después de comenzar, la ceremonia concluyó, momento que los asistentes aprovecharon para dar el pésame a la familia, con los acordes de la gaita de Bieito Romero como telón de fondo.

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La sociedad gallega arropa a la familia de Rosalía Mera en su adiós