Incendios, encapuchados y sabotajes en la huelga de la basura de A Coruña

Cespa mantiene su dispositivo especial, con los camiones escoltados, para sacar las más de 250 toneladas de residuos acumulados en las calles

LA voz

Tras ocho días en los que había que caminar por media ciudad tapándose la nariz, las calles de A Coruña recuperaron ayer una cierta normalidad después de que los operarios de Cespa, empresa responsable de la recogida de basura, retirasen más de 215 toneladas de residuos. Sin embargo, la huelga que obligó a los turistas a degustar langostinos entre bolsas malolientes en las céntricas calles de la Barrera y Franja, la zona de vinos, no fue convocada por los empleados de Cespa, sino de Albada. Esa compañía se encarga de la gestión de la planta de Nostián, en la que se trata la basura generada en A Coruña y su comarca.

El conflicto en esa empresa viene de lejos. En primavera, ante el silencio del comité, con mayoría del sindicato CIG, tuvo que ser la dirección la que convocase una mesa para negociar el convenio colectivo. La empresa pretendía reducir costes laborales para ser viable. Pero el comité planteó subidas salariales por encima del 8 %. Al no avanzar la negociación, la dirección prescindió de ocho empleados.

La negociación llegó atascada a julio, con el comité exigiendo la reincorporación de esos ocho trabajadores (y de otros tres despedidos por motivos disciplinarios) como condición previa solo para sentarse a hablar.

El comité envió el preaviso de huelga a la autoridad laboral el 16 de julio, justo antes de una reunión con la empresa. El paro comenzaría la noche del día 28.

Las últimas conversaciones no dieron resultado, a pesar de que la dirección de Albada redujo sus propuestas de moderación salarial. La empresa tomó medidas para que el paro no afectase a los ciudadanos. La principal fue una solicitud a la Xunta para trasladar la basura que no pudiese ser tratada a otras plantas. Eso supondría un sobrecoste, pero evitaría que los residuos se acumulasen en las calles.

Apoyo

Entonces, el Sindicato de Traballadores da Limpeza (STL), formado por antiguos miembros de la CIG y mayoritario en el comité de Cespa, anunció que secundaría las movilizaciones de los empleados de Albada.

La huelga «en solidaridad» es ilegal, pero la misma noche del día 28 el servicio de recogida se interrumpió. También comenzaron los sabotajes, que se han sucedido hasta la misma madrugada de ayer. La mayoría fueron perpetrados por grupos de encapuchados que apedrearon camiones, pincharon ruedas y quemaron o bloquearon contenedores para ralentizar la recogida.

Las bolsas comenzaron a quedarse en los contenedores y, al cabo de unos días, a rebosar. El sábado a primera hora la plaza de María Pita parecía un vertedero tras el concierto de Ariel Rot, Leyva y Loquillo. El fin de semana siguieron los sabotajes, pero Cespa organizó el lunes un dispositivo especial para sacar las más de 250 toneladas de basura acumuladas en las calles. El dispositivo aún se mantiene. Durante la madrugada de ese día y en la de ayer, a pesar del vandalismo, la cantidad de residuos recogida fue similar a las de días ordinarios.

Esas dos noches más de la mitad de los camiones de basura circularon con escolta policial. El alcalde, Carlos Negreira, advirtió que tomará «todas las medidas» para garantizar la recogida de basura. No descartó sancionar a la empresa Cespa.

La última reunión para desbloquear el conflicto de Albada, en el que interviene un mediador, terminó sin éxito. El comité sigue condicionándola a que se readmita a los despedidos.

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