El maquinista declara ante el juez que se había despistado y que pensó que estaba en otro tramo del trazado

El magistrado deja a Francisco José Garzón en libertad con cargos por 79 delitos de homicidio imprudente, lo inhabilita para conducir trenes, le retira el pasaporte y lo obliga a comparecer en el juzgado cada semana

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Francisco José Garzón sale de los juzgados de Santiago tras quedar en libertad con cargos

redacción / la voz

En libertad con cargos de homicidio por imprudencia profesional. Francisco José Garzón, el maquinista que manejaba el tren Alvia que descarriló el miércoles causando la muerte de 79 pasajeros, no ingresará en prisión preventiva porque ni el fiscal del caso, Antonio Roma, ni el resto de las partes personadas (Renfe, ADIF y dos compañías aseguradoras) pidieron esa medida al no apreciarse riesgo de fuga ni de destrucción de pruebas. El juez, Luis Aláez, lo dejó entonces en libertad, aunque con cargos por 79 delitos de homicidio y por una pluralidad de lesiones, todos ellos cometidos por imprudencia profesional, y con la imposición de medidas cautelares, como son la obligación de presentarse cada semana en un juzgado, la retirada del pasaporte y la inhabilitación cautelar para conducir trenes.

Una distracción

Al contrario de lo que había hecho con la policía, Francisco José Garzón sí declaró ayer ante el juez. El maquinista admitió que había cometido una imprudencia porque se había despistado y que se había confundido de tramo. Es decir, que pensó que aún no había llegado a la zona en la que tenía que reducir la velocidad del tren y pasar de casi 200 kilómetros por hora a los 80 obligatorios para tomar la curva de A Grandeira. Garzón afirmó que cuando «llegó a frenar» ya era demasiado tarde y consideró que en el accidente no era achacable a un fallo técnico ni a las condiciones del tren.

Abatido en su gesto y esposado. Así llegó al juzgado el maquinista horas después de haberse negado por segunda vez a declarar ante la policía. Entró en las dependencias judiciales sentado en el asiento trasero de un coche de la Policía Nacional, que iba escoltado por un furgón policial y por otro coche camuflado. El detenido fue trasladado a una sala en la que tuvo que esperar a que los abogados leyesen el atestado policial antes de comparecer ante el juez Luis Aláez, titular del Juzgado de Instrucción número 3 que dirige la investigación de este caso.

El maquinista imputado compareció en el juzgado poco antes de cumplirse las 72 horas que permite la ley para que un detenido permanezca en dependencias policiales. Según informaron fuentes del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, Francisco José Garzón declaró durante un espacio aproximado de dos horas. Luego tuvo que esperar a que el juez redactase el auto de libertad provisional, y alrededor de las doce de la noche abandonó con destino desconocido los juzgados de Santiago en un coche policial. Como había entrado.

La prisión provisional, medida excepcional

La prisión provisional es una medida excepcional que solo cabe aplicar en casos muy concretos y en los que, por ejemplo, exista riesgo de fuga o de destrucción de pruebas, como indican los artículos 502 y 503 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. En este caso, ni el fiscal ni las partes personadas (Renfe, ADIF y las aseguradoras) solicitaron esa medida, con lo que al juez solo le quedaba la posibilidad de decidir la libertad provisional con cargos. El homicidio por imprudencia profesional está castigado en el Código Penal con la pena de prisión de entre 1 y 4 años, además de la inhabilitación para la profesión por un período de entre 3 y 6 años.

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