Redacción / La Voz

«Empezamos el Camino en Sant-Jean-Pied-de-Port. La gente nos ha tratado con amabilidad, nos ha ayudado... El accidente nos ha causado una profunda pena. Un pueblo así no merecía esto». A Krystle Kassab se le saltan las lágrimas. En menos de una hora cogerá, junto con sus amigos Rebecca y Mark, un tren con destino a Madrid. Pero no quieren abandonar Santiago sin rezar una oración por las víctimas del tren. A los pies de la catedral, cargados con sus mochilas, encienden velas. Las colocan frente a la verja, junto a ramos de rosas amarillas, hortensias... y un manojo de bastones de peregrino agrupados al lado de una nota escrita a mano que dice: «Porque vuestro viaje no termina ahí». Tras encender la vela, Krystle se arrodilla. Luego lo hace Mark. También Rebecca. Antes que ellos también habían dado su pésame con cirios rojos Brais y su padre Alfredo. Y decenas de personas que mostraron su respeto a las víctimas. A los pies de la catedral.

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Accidente en Santiago: «Este pueblo no merecía esto»