Detenido al simular ser la pareja de una víctima del accidente de Santiago

La policía lo detuvo y sospecha que pretendía una doble indemnización


Santiago / La Voz

El accidente de A Grandeira suscitó una ola de solidaridad. Pero estas desgracias colectivas suelen ser también el hábitat de los pillos. Un hombre de unos cuarenta años, acento andaluz, muy menudo, con un brazo vendado y visera, se plantó el viernes, a primera hora, en el edificio Cersia. Era el lugar donde los familiares de las víctimas recibían el primer apoyo psicológico.

Su historia era dramática. Había perdido a su pareja, embarazada, que iba en el tren. Y con visibles muestras de ansiedad suplicaba por encontrarla. Sus gestos de desesperación llamaron pronto la atención del personal de emergencias. Y los psicólogos y el equipo de Cruz Roja se volcaron con él, sabedores de que la atención temprana es determinante. «Con lo que había ocurrido, su historia era perfectamente verosímil: ante tanto dolor, nosotros nos creímos su relato», revela una de las personas que estaba allí. La falsa pareja de la inexistente embarazada, que decía haber llegado desde Cádiz y llamarse Paco, se pasó el día entero en el edificio. Pero las cosas empezaron a torcerse después del mediodía.

Por la tarde, el personal que asistía a los familiares lo acompañó hasta el pabellón de Sar, donde estaban los cuerpos, a fin de que pudiera recabarse algún dato sobre la fallecida. Cuando intervino la Policía Científica, fueron tejiéndose un rosario de incoherencias que acabaron por delatarlo. Los agentes le pidieron el nombre, el DNI y el domicilio de la víctima. Pero ninguna de esas informaciones se correspondía con nadie. Al ver que un trámite tan elemental se bloqueaba, le solicitaron el teléfono de la chica. Llamaron, pero nadie cogía. Luego hicieron lo propio con los números de los padres, y tampoco obtuvieron resultado. Finalmente, telefonearon a otro número y todo el castillo de naipes levantado con embustes se vino abajo. Al otro lado del hilo telefónico descolgó una mujer desde Madrid que dijo no saber quién era la fallecida ni el hombre que les había dado su número.

Fue entonces cuando la Policía comprobó la identidad del individuo, Ramiro R. R. Según la hipótesis de los agentes, podría querer cobrar una doble indemnización: la de su mujer y la del hijo que llevaba dentro. Y tras comprobar que tenía cuatro causas pendientes por hurto, apropiación indebida y estafa, procedieron a su detención.

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