Las víctimas de la tragedia: Miles de desconocidos la buscaron en Twitter


Ourense / La Voz

En la madrugada del jueves y durante toda la jornada de ayer a Carolina Besada Garrido (Vigo, 1995) no solo la buscaban los suyos. Miles de personas estaban pendientes de su suerte desde que una de sus hermanas, Marta, colgase poco después del accidente un desgarrador tuit: «Acaba de descarrilar el puto tren en el que venía mi hermana». A partir de ahí se generó una ola de solidaridad en la red social y la joven recibió cientos de mensajes de apoyo. Al mismo tiempo, sus seguidores retuiteaban el nombre completo de Carolina y su descripción, en un intento de localizarla cuanto antes para, de ese modo, ayudar a la familia a dar portazo a la incertidumbre.

Así que propios y extraños (muchos ni siquiera conocían a Carolina y a su hermana) pasaron la noche en vela, acompañando a Marta en una tensa vigilia durante la que fue contando cómo transcurría la búsqueda. Cada tuit lo escribía con caracteres de esperanza y recibía el cariño como respuesta. «De alguna manera Carolina se ha convertido en la hermana de todos los que compartimos el dolor en la distancia», aseguraba un joven.

La tensión fue creciendo con el paso de las horas y Marta llegó a pedir que nadie diera falsas esperanzas transmitiendo informaciones sin contrastar. Circulaban las fotos para facilitar la identificación y se hablaba de distintas posibilidades hasta que la confirmación de la muerte rompió la esperanza. «Y entonces... silencio», decía Marta Besada en Twitter, veinte horas después de su primer grito virtual. Y añadía: «Descansa en paz Lila». Lila, así llamaba a Carolina, que era la mayor de cuatro hermanos y también la única que había nacido en la misma ciudad que su madre, asistente social de profesión, antes de que la residencia de la familia se trasladara a Ourense, donde su padre ejerce como médico en la Mutua Asepeyo.

Era estudiante del IES As Lagoas, donde acababa de completar su ciclo de secundaria. Seguía de cerca los pasos de su hermana menor, Marta, jugadora cadete del Cidade das Burgas de fútbol sala femenino, pero nunca había optado por la práctica del deporte del cuero pequeño.

La joven, de 18 años, se disponía a pasar las vacaciones de verano con su familia. Horas antes, sus padres y hermanos se habían trasladado a tierras compostelanas, de donde es natural su progenitor.

Carolina se había decantado por quedarse y apurar unas horas más con sus amigos en Ourense, por lo que decidió viajar por la tarde en el Alvia que sufrió el fatídico accidente.

Los suyos la velarán hoy, pero también estará en la mente de miles de tuiteros cuya ayuda Marta no olvidará: «Muchísimas gracias a todos por el apoyo... fuerte dolor».

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