El maquinista del tren accidentado en Santiago: «¡Imagínese cómo estoy!»

Habla el maquinista, que se recupera en una habitación del Clínico, acompañado por su madre y custodiado por la policía por orden del juez


monforte / la voz

A Francisco José Garzón le pusieron nueve puntos en el Hospital Clínico de Santiago para cerrarle la brecha que se hizo en la cabeza cuando el tren que conducía descarriló en la curva de Androis. La otra herida, la de saberse el conductor del tren que protagonizó la peor catástrofe ferroviaria de la historia de Galicia será mucho más difícil de cerrar.

El maquinista pasó la noche en el hospital, acompañado por su madre y custodiado por la policía por orden del juez. En las próximas horas podría ser trasladado al Hospital A Coruña, en su ciudad de residencia, para facilitarle a su madre que pueda estar con él. A última hora de la mañana, Garzón contestó a una llamada de ese diario a su teléfono móvil, pero no quiso hacer declaraciones. «En estos momentos no puedo decir nada», explicó. Preguntado por su estado anímico, respondió abatido: «¡Imagínese cómo estoy!».

Cantera ferroviaria

Francisco Javier Garzón nació hace 52 años en Monforte, tradicional cantera de ferroviarios que aún hoy tiene una de las plantillas de maquinistas más numerosas de Galicia. Hijo de un ferroviario procedente de Ponferrada, empezó a trabajar de joven suministrando combustible a las máquinas de gasoil en la estación de Monforte, pero enseguida se hizo ayudante de maquinista. Para ascender a conductor tuvo que marcharse a Barcelona. Con el puesto ya ganado, trabajó un tiempo en Madrid, hasta que hace algo más de dos años fue asignado a la residencia de maquinistas de A Coruña, el centro de trabajo de los conductores de los Alvia que recorren la vía Ourense-Santiago. Acumula decenios de experiencia conduciendo trenes.

Separado y sin hijos, en Monforte no conserva familia pero sí amigos y compañeros. «No creo que encuentres a nadie que te hable mal de él». Lo decía ayer uno de ellos en Facebook, la misma red social en la que el maquinista colgó en marzo del 2012 una foto del cuadro de mandos de un tren con el velocímetro a 200 km/h. En los comentarios, él y un amigo intercambiaron bromas sobre la velocidad. «Estoy en el límite, no puedo correr más, si no me multan», señala en un comentario. «Como te pille la Guardia Civil te quedas sin puntos, je, je», le dice uno de sus contactos, a lo que el maquinista responde: «Qué gozada sería ir en paralelo con la Guardia Civil y pasarles haciendo saltar el radar. Menuda multa para Renfe, je, je».

Aunque no hay nada punible en el maquinista de una línea de trenes que van todos los días a 200 y a más, pero este accidente es suficiente para dejar una sombra de duda sobre el comportamiento del maquinista.

El retrato que pintan sus conocidos es distinto. Todos los consultados lo definen como alguien responsable, sensible y amistoso. «Es una excelente persona, un chaval muy majo», dice Ángel Rodríguez, revisor de tren y responsable de la sección ferroviaria de UGT en Monforte. Rodríguez pasó el día de ayer en Santiago para poder visitarlo y ofrecerle asesoramiento, porque Garzón está afiliado a UGT -y al sindicato de maquinistas Semaf-. Pero los policías solo permitían la entrada a familiares directos.

En marzo del 2012 bromeaba con la velocidad en su perfil de Facebook

Acumula decenios de experiencia conduciendo trenes

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