Accidente en Santiago: ... y el amanecer más duro

La incertidumbre de no saber dónde estaban sus seres queridos se apoderó de las familias


Santiago / la voz

«No quiero tilas, no quiero nada. ¡Quiero saber! ¡Solo quiero saber!», repite un hombre una y otra vez en una esquina del salón de actos del Cersia, el recinto habilitado en San Lázaro. Y es un deseo compartido por las decenas de familias que a las seis de la mañana aguardan noticias de aquellos a los que habían llamado por teléfono y de los que no habían obtenido respuesta. Todos tienen la esperanza de que el nombre de sus seres queridos aparezca de un momento a otro en el listado de heridos identificados. No hay lista de muertos, de momento. Porque para saber su nombre todavía habrá que aguardar muchas horas. Minutos antes los responsables del dispositivo de emergencia habían comunicado que no podrían dar más información hasta la mañana, cuando comiencen a hacerse las autopsias. «En el tren venía el novio de la madre de un chico de la pandilla, pero no vamos a saber nada hasta mañana», comenta un joven que escolta, con otros compañeros, a su amigo. Aguardan a que llegue la madre.

Solo hay incertidumbre y esta, sumada a más incertidumbre, da como único resultado dolor y más dolor. La puñalada es tan grande y profunda que hasta a los miembros de Protección Civil les cuesta mantener el tipo cuando alguien se desmorona. Para cogerlos, para apoyarlos, trabajan decenas de psicólogos del colegio gallego especializados en tragedias.

Van pasando los minutos. Todo es cada vez más desgarrador. «Digan algo por favor», ruegan con rabia unos familiares al alcalde de Santiago, Ángel Curras, que avanza hacia el salón de actos. «¡Queremos saber!», le gritan otros. Una madre rota, envuelta en lágrimas, pide una y otra vez abrazar a su hija -«mi niña»-, aunque sea «por última vez». Por favor, solo por favor.

La noche va aclarando. Los minutos avanzan. Pasa ya una hora del amanecer. Responsables de la Policía Científica, que han trabajado toda la madrugada y siguen en labores de identificación, vuelven a comparecer ante las familias. Entre ellas hay muchas caras anónimas, la mayoría, pero también otras conocidas, como la del vicepresidente del Banco Popular, José María Arias.

Identificar cada herido y cada cadáver al 100% resulta una prioridad para los agentes. «No podemos permitirnos ninguna equivocación, y ustedes tampoco nos la perdonarían», arguye uno de ellos ante un foro carcomido por la angustia y la impotencia... «Comprendo perfectamente su dolor porque, créanme que no es un cuento, mi hija vino ayer -por el miércoles- desde A Coruña hasta Santiago en el tren de la tarde. Imagínense lo que pasé cuando me dieron la noticia de que un convoy había descarrilado a esa hora a unos kilómetros de la capital de Galicia», relata con sosiego.

Sus palabras no consuelan. El anuncio de que, probablemente, en dos horas puedan comenzar ya a dar algún nombre apenas lo logra un ápice. «¿Ahora qué? ¿Rezamos para que nos llamen o para que no lo hagan?», se pregunta indefensa una joven que lleva toda la noche en vela buscando a una prima suya.

Poco más tarde del mediodía comienzan a llamar, una a una, a las familias. Por orden alfabético. Mientras, agentes de la policía toman nota de cualquier detalle que pueda ayudar a identificar a los que quedan. La ropa, un tatuaje, un objeto, una cicatriz... «Nos han tomado pruebas de ADN», cuenta por teléfono una mujer que sigue aguardando noticias. Los llamamientos van dilatándose a medida que avanzan las horas, a medida que van dando la una, las dos, las tres... «Hola, soy... El sábado no habrá boda porque mi hermano iba en el tren», anuncia un joven por teléfono.

El viaje de una familia a Santiago para acudir a un bautizo no pudo acabar peor. «Mi hermano está en el hospital de A Coruña, tiene fracturado el pulmón, costillas rotas... De mi padre y mi cuñada tememos lo peor. Es nuestra sensación», admite otro.

Y junto al cuarto de baño dos mujeres más ansían una respuesta. Son de Cáceres. Buscan a un sobrino que viajaba con su novia, que es de A Coruña. «Estudian Medicina en Zaragoza», explica una. Para ellas no hubo final feliz. Tampoco para un padre que, rodeado por los servicios de emergencia, lamenta desgarrado: «Fue por mi culpa, por venir a verme. Mi niña, mi niña, por qué, por qué», clama.

6.30 horas

Los familiares aguardan ansiosos por obtener noticias. Solo tienen acceso a una lista incompleta de heridos. Las autopsias no han empezado.

8 horas

Empiezan las autopsias en el Hospital Clínico. Miembros de la Policía Científica explican a las familias cómo es el protocolo en estos casos.

12.30 horas

Empiezan a convocar una a una a las familias. El proceso se dilata a medida que van pasando las horas. La identificación es complicada.

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