Accidente en Santiago: ... y el amanecer más duro

María cedrón / Alberto Mahía SANTIAGO / LA VOZ

GALICIA

Vítor Mejuto

La incertidumbre de no saber dónde estaban sus seres queridos se apoderó de las familias

27 jul 2013 . Actualizado a las 00:28 h.

«No quiero tilas, no quiero nada. ¡Quiero saber! ¡Solo quiero saber!», repite un hombre una y otra vez en una esquina del salón de actos del Cersia, el recinto habilitado en San Lázaro. Y es un deseo compartido por las decenas de familias que a las seis de la mañana aguardan noticias de aquellos a los que habían llamado por teléfono y de los que no habían obtenido respuesta. Todos tienen la esperanza de que el nombre de sus seres queridos aparezca de un momento a otro en el listado de heridos identificados. No hay lista de muertos, de momento. Porque para saber su nombre todavía habrá que aguardar muchas horas. Minutos antes los responsables del dispositivo de emergencia habían comunicado que no podrían dar más información hasta la mañana, cuando comiencen a hacerse las autopsias. «En el tren venía el novio de la madre de un chico de la pandilla, pero no vamos a saber nada hasta mañana», comenta un joven que escolta, con otros compañeros, a su amigo. Aguardan a que llegue la madre.

Solo hay incertidumbre y esta, sumada a más incertidumbre, da como único resultado dolor y más dolor. La puñalada es tan grande y profunda que hasta a los miembros de Protección Civil les cuesta mantener el tipo cuando alguien se desmorona. Para cogerlos, para apoyarlos, trabajan decenas de psicólogos del colegio gallego especializados en tragedias.

Van pasando los minutos. Todo es cada vez más desgarrador. «Digan algo por favor», ruegan con rabia unos familiares al alcalde de Santiago, Ángel Curras, que avanza hacia el salón de actos. «¡Queremos saber!», le gritan otros. Una madre rota, envuelta en lágrimas, pide una y otra vez abrazar a su hija -«mi niña»-, aunque sea «por última vez». Por favor, solo por favor.