El caso Prestige: Visto para sentencia al fin

Pablo González
pablo gonzález REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

Galicia ha demostrado su capacidad para salir airosa de su causa judicial más compleja

14 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

el «prestige», a juicio

De las decenas de variables que podrían haber convertido el macrojuicio del Prestige en un fracaso no se ha presentado ninguna. La organización material, a cargo de la Xunta y los responsables de Expocoruña, fue impecable. Y en el plano jurídico, el tribunal ha proporcionado tanto a acusaciones como a defensas un proceso con garantías. El papel del presidente de la sala, Juan Luis Pía, fue todo menos intervencionista y las partes pudieron preguntar y repreguntar con una libertad inédita en otros plenarios. La orientación garantista fue crucial, pues la defensa del capitán llegó a decir que España no estaba preparada para ofrecer un juicio justo a Mangouras. El letrado Ruiz Soroa tuvo que retirar esta grave acusación, no tanto porque haya dejado de pensarlo, sino porque sabía que el tribunal estaba muy molesto con las dudas que se cernieron sobre su independencia, algo que no ocultaron en un auto de octubre del 2012. La sospecha de que los poderes del Estado planean sobre esta causa siempre ha estado presente. Hay muchos orgullos y, sobre todo, mucho dinero en juego. Pero las quejas estuvieron presentes hasta el final y el abogado del capitán, en su informe, recriminó a la sala que no compareciera ningún testigo de la defensa.

las premisas

Dos formas de entender lo progresista. Pocos achacarían tendencias conservadoras al fiscal del caso, Álvaro García Ortiz, recién elegido presidente de la Unión Progresista de Fiscales a nivel nacional. Sin embargo, el representante del ministerio público no cree que ese progresismo haya que demostrarlo acusando al ex director general de la Marina Mercante, José Luis López Sors. Su análisis es estrictamente jurídico, pues considera que su decisión de alejar el barco no vulnera ninguna ley. Pero admite que otra cosa son la desorganización, el engaño y cierta desidia en la gestión de la crisis. Comparte esa sensación generalizada, pero no ve delito. Nunca Máis tiene otra perspectiva. El alejamiento es lo que provoca la afección a los espacios naturales protegidos y esto en sí mismo ya es punible. Y la diligencia que se presupone a los servidores públicos debía haber activado los dispositivos de asesoramiento que prevé el Plan de Contingencias para que la decisión no sea acaparada por el poder político, sino que la esfera técnica también tenga algo que decir.

En esta causa ha confluido un progresismo que pone su énfasis en el capitalismo global y salvaje que llevaba el peor fuel en los peores barcos, algo que la defensa de Mangouras explica en las propias inercias del mercado. Y otra facción progresista, representada por Nunca Máis, que insiste en controlar a un poder que considera arbitrario, que no da la cara y que toma las decisiones con el menor coste a corto plazo. Pero lo interesante es no confundirse con las verdaderas víctimas. Algunos se casaron por simpatía o corporativismo con el capitán y cayeron en el tópico del chivo expiatorio. Otros siempre tuvieron claro que las víctimas fueron los países ribereños: España y Francia.