El independentismo radical vuelve al banquillo acusado de terrorismo

Arranca mañana el juicio a cuatro presuntos miembros de Resistencia Galega, grupo al que se le atribuyen una treintena de atentados

Imagen del despliegue policial en el que fue detenido un miembro de Resistencia Galega.
Imagen del despliegue policial en el que fue detenido un miembro de Resistencia Galega.

Redacción / La Voz

Hace casi 20 años la Audiencia Nacional juzgó y condenó a los máximos dirigentes del autodenominado Exército Gerrilheiro do Povo Galego Ceive, la expresión más violenta del independentismo radical gallego, con víctimas mortales en su haber.

A partir de mañana cuatro presuntos miembros de Resistencia Galega (RG) serán juzgados por ese mismo órgano judicial con peticiones de penas que van desde los 12 a los 20 años de cárcel, acusados todos de pertenencia a organización terrorista y dos de ellos también de tenencia de explosivos y falsificación de documentos oficiales con finalidad terrorista.

El nexo más evidente entre ambas manifestaciones del independentismo radical que propugna la utilización de la violencia para la consecución de sus fines políticos es Antón García Matos, Toninho, uno de los detenidos el 29 de mayo de 1988 en el municipio ourensano de Castro Caldelas, en las laderas del cañón del Sil, junto con Arias Curto y otros presuntos integrantes de la plana mayor del Exército.

Toninho volvió a ser detenido en noviembre del 2005, en el marco de la operación Castiñeira, ya como presunto líder de la nueva versión del independentismo radical que se había presentado formalmente meses antes con la publicación en Internet del «Manifiesto pola Resistencia Galega». El documento marcaba como objetivos la defensa de la tierra y el medio ambiente y la independencia del territorio histórico de Galicia, justificando el uso de la violencia contra las personas y los bienes como único medio para lograrlos.

García Matos y el resto de los detenidos, que habían sido puestos en libertad por la Audiencia Nacional, al entender el juez que los hechos por los que fueron detenidos no tenían entidad suficiente para ser tratados como terrorismo, volvieron a Galicia como héroes patriotas, pero Toninho y su compañera, María Asunción Losada Camba, optaron por pasar a la clandestinidad a los pocos días y desde entonces están considerados policial y judicialmente como los máximos dirigentes de Resistencia Galega. Como tales fueron procesados en rebeldía a finales del pasado mes de marzo por el juez Eloy Velasco.

Desde el año 2005, fecha oficial de su nacimiento, las fuerzas policiales atribuyen a Resistencia Galega más de una treintena de atentados con explosivos de factura artesanal, pero no por ello inocuos. Varios de ellos tenían la potencia suficiente y fueron colocados en lugares donde podían originar víctimas. Algunos los han reivindicado como organización y otros no. Los más rudimentarios, según los expertos, pudieron ser obra de grupos antisistema afines, pero Resistencia Galega nunca renegó de ellos.

Ninguneo

El relativo ninguneo policial y judicial del que fueron objeto los presuntos activistas de Resistencia Galega y que, en buena medida, les dio oxígeno, ya que el respaldo social que suscitan sus acciones es nulo, fuera de determinados ambientes juveniles localizados en la actualidad en las provincias de Ourense y, en menor medida Pontevedra, es nulo, se les acabó hace un par de años.

El punto de inflexión lo marcaron los atentados contra las sedes de los partidos políticos mayoritarios. Desde el Ministerio del Interior no se escatimaron recursos humanos y materiales para atajar lo que se considera como el último brote del terrorismo en España.

Para la Justicia ya dejaron de ser «los chicos de la gasolina» para darles el tratamiento de terroristas con todas las consecuencias como hicieron en su día con la kale borroka.

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