Una banda de furtivos provocó una espectacular escaramuza en O Son

Vigilantes, guardacostas, percebeiros y Guardia Civil frenaron a los ilegales


ribeira / la voz

La crisis abofetea cada día y lo que antes era una actividad para salir del paso, relacionada en muchos casos con la adicción a las drogas, se está convirtiendo en el modus vivendi de mucha gente, incluidas bandas bien organizadas y con métodos de actuación sofisticados. Se trata del furtivismo, una lacra que no deja de dar disgustos a los productores de marisco de toda Galicia y, en especial, a los de la comarca de Barbanza. Hace semana y media, mariscadores ilegales atemorizaron Lira. Y ayer, los profesionales de Porto do Son se vieron envueltos en una espectacular escaramuza para pararles los pies a un grupo de furtivos que cogían percebe en la zona de A Mouca, en Caamaño.

El reloj daba las siete de la tarde cuando alguien divisó a nueve personas que recogían percebe. La alarma saltó de inmediato, porque, en un año crítico para el sector del mar, en O Son nadie es ajeno a que esa zona privilegiada por el oro negro de sus rocas, esos percebes grandes y sabrosos, se estaba reservando para el verano, cuando los precios acompañan más. Así que se dio aviso a los dos vigilantes del pósito, que conminaron a los furtivos a dejar de faenar, pero estos hicieron caso omiso. Eran dos contra nueve, así que poco podían hacer.

Solicitud de ayuda

Los teléfonos empezaron a sonar y en pocos minutos se formó un pequeño ejército de cinco percebeiros. Entre los trabajadores del pósito y los productores intentaron expulsar de las piedras a los ilegales, que iban bien preparados, con trajes de neopreno y saquetas, y tenían tres coches preparados para poner tierra de por medio en cuanto acabasen su faena. Según el patrón mayor sonense, que participó en el operativo, no había forma de que se apartasen del recurso. Así que se pensó en esperarlos en la zona donde tenían los vehículos.

Pero los furtivos en cuestión, al ver que se estaba armando un jaleo importante y que cada vez tenían a más personal controlándolos -los percebeiros avisaron a los guardacostas y a la Guardia Civil-, debieron pensar que lo mejor era escapar monte a través, sin acercarse al camino ni a los coches. Y ocultar el percebe a la espera de que se fuesen calmando los ánimos.

En medio de la maleza

Eso hicieron. Pero erraron sus cálculos. Los percebeiros, tras una persecución, y ayudados ya por las autoridades, lograron hacerse con el percebe escondido en la maleza, que ascendía a 118 kilogramos. Además, se logró identificar a cuatro personas, todas de la Costa da Morte. Según indicaron los productores, los ilegales, que también se escondieron entre la maleza, «poñíanse moi chulos».

Ayer, en el pósito de O Son señalaban que nunca habían tenido un encontronazo así. Daban las gracias a la Guardia Civil y a los guardacostas de la Xunta. Y lamentaban que se sacase de las rocas semejante cantidad de percebe, que a las pocas horas de incautarse se dio a beneficencia.

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