La detención que hizo naufragar un gobierno


ourense / la voz

Lo que pasa estos días en Ourense no se entiende sin lo que ocurrió ayer en Lugo. El mandato municipal, con Francisco Rodríguez como capitán, era una dulce travesía para PSOE y BNG cuando su barco chocó con el iceberg de la Pokémon y los dejó helados. La metáfora no responde solo al frío que hace ahora en el salón de plenos, con los antiguos socios enfrentados. También explica cómo se ha ido desvelando la operación, ante ciudadanos e implicados. La punta fue la detención, pero había más: lo último, la sospecha de blanqueo de capitales. Cuando en septiembre Rodríguez salió del calabozo imputado por varios delitos (lo celebró con la fiesta que provocó la crisis de la ginebra y que los nacionalistas exigieran unas responsabilidades que todavía no consideran depuradas) empezó a quebrarse el gobierno. Su resistencia a presentar la dimisión generó la primera fisura. Para el BNG era fundamental y, de hecho, uno de sus ediles, también imputado en la Pokémon, dimitió en horas mientras Rodríguez dejaba pasar días. Sus compañeras abandonaban el bipartito y, un mes después, el Concello de Ourense, al tiempo que el Bloque rechazaba reeditar el pacto.

La elección del nuevo alcalde hizo visible el enfrentamiento del PSOE, entre paquistas y pachistas. Las fiestas celebradas en honor del exalcalde lo elevaron a la enésima potencia. Y desde entonces todo ha sido achicar agua.

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