Las fragas vuelven a brotar

Un año después del incendio en el Eume, vecinos, madereros y Xunta dan tres versiones de los efectos de la tragedia que asoló el parque natural

F. Varela
Ferrol / la voz

En el parque natural de las Fragas do Eume todavía es visible la huella del fuego que hace un año devoró 750 hectáreas. El 31 de marzo del 2012, un incendio asoló buena parte del bosque atlántico de nueve mil hectáreas que se extiende a lo largo de la cuenca del río Eume y que constituye uno de los principales ecosistemas de este tipo de bosques de Europa. Un incendio que mantuvo en vilo a toda la comarca, movilizó a cientos de trabajadores del servicio contraincendios de Galicia y obligó a desplazar a la zona a la Unidad Militar de Emergencias para ayudar en la extinción. Un año después, Xunta y vecinos hacen balance de lo ocurrido y la situación en la que se encuentra el espacio protegido.

A pesar de que ya ha pasado un año, la mayoría de los lugareños no quieren ni recordar lo ocurrido. «Nos quedó grabado a fuego, nunca mejor dicho», explica una vecina de Teixido, uno de los núcleos que tuvo que ser evacuado la primera noche del incendio. «Todavía está dentro. Es algo que queda psicológicamente», asegura otro de los lugareños. Fueron horas de angustia en las que tuvieron que abandonar sus casas ante el temor de que el fuego llegase a las viviendas. «Foi visto e non visto. O meu marido avisoume de que había lume no monte, e rapidamente tivemos que marchar porque eu son asmática. Él volveu de noite para comprobar se chegara á casa e coidar aos animais», recuerda Josefina Gabeiras. El fuego dio paso a un paisaje asolado y desértico que hizo enfurecer aún más a los vecinos. «Era unha pena saír e ver día tras día como quedou todo, e o que queda para que volva a ser a fraga como era», lamentan.

Tras cumplirse el primer aniversario de la tragedia, desde la Consellería de Medio Ambiente constatan una «recuperación continua e positiva» tanto del suelo como de la vegetación afectada. Esta recuperación se debe, destacan, en buena parte a las labores realizadas después del incendio, encaminadas a estabilizar el terreno en las zonas más sensibles a la erosión. «Nas zonas de superficie queimada obsérvase unha progresión da cobertura vexetal nos puntos de mostraxe», explican.

Dentro de las medidas tomadas para la protección del terreno, la más polémica ha sido el control y limitación en las talas y el tránsito por las superficies quemadas durante los primeros meses, especialmente en las zonas con mayores pendientes y mayor riesgo erosivo. «A introdución inmediata de maquinaria pesada e os arrastres de madeira polo chan poderían ter efectos negativos para a recuperación», explican. Sin embargo, esta limitación ha causado grandes pérdidas económicas para los propietarios de plantaciones de eucalipto de la zona. «Pensamos que o incendio podería ter servido para que axilizaran os trámites para poder manter os terreos. Pero non serviu para nada», lamenta Josefina López.

Penaco Forestal es una de las primeras empresas madereras que ha comenzado con los trabajos de tala en la zona. Según explica uno de los operarios, Damián Martínez, la tonelada de madera en buen estado puede rondar entre los 37 o 38 euros. Sin embargo, la madera que está dañada por el fuego llega a perder hasta la mitad de su valor económico. «Solo sirve para triturar o para quemar», explica. Los propietarios aseguran que ya no es rentable ejecutar las talas sin ayuda económica. «Si talamos nos obligan a desbrozar y limpiar la zona. Y con el dinero que ganamos de la tala no nos da ni para pagar el desbroce. Solo queda resignarse a que nos hemos quedado sin nada», lamenta Josefina Gabeiras.

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