Mismo núcleo duro, idénticos retos pendientes: las ciudades

la voz

El hito fue tal para el PP que se imprimieron cientos de mapas de la provincia con cada uno de sus 62 municipios teñidos de azul. Rafael Louzán (Ribadumia, 1967) se fotografío ante uno enorme con Mariano Rajoy y Alberto Núñez Feijoo tras la victoria del primero. Fue la culminación de una ola creciente del PP en la provincia, ahora empañado por los nubarrones de las preferentes. El 20-N lograron mayoría de votos en todos ellos, incluidos tradicionales feudos socialistas.

Fue la guinda a un proceso en el que el trabajo orgánico dio sus frutos a Louzán. El PP pasó de 33 alcaldías en el 2007 a 47 en el 2011. Barrió a los socialistas de diez y a los nacionalistas de dos. Pero también integró a independientes en una operación de vuelta a casa de grupos vinculados a la derecha que habían optado por trabajar al margen del PP. El resultado: los populares gobiernan en el 75,8 % de la provincia, pero solo sobre el 49,8 % de la población.

Porque Louzán, que en el anterior congreso liquidó la era Fraga en Pontevedra, con un respaldo similar al de ayer (97,8 % entonces, 97,1 % en Silleda), sigue teniendo, como presidente provincial, un reto pendiente: las alcaldías urbanas se les resisten a los populares. Ni Vigo ni Pontevedra son azules.

La nueva directiva, renovada en un 60 %, mantiene en realidad el mismo núcleo duro que acompaña a Rafael Louzán desde que tomó las riendas del partido en la provincia. El tándem con José Manuel Figueroa es un respaldo explícito al vigués, después de los movimientos para situar al exconselleiro Javier Guerra al frente de una eventual candidatura del PP para desalojar al socialista Abel Caballero. Xosé Crespo, el alcalde de Lalín, completa un núcleo duro en torno al que se articula una cúpula con escaso poder real en la estructura del partido.

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